lunes, 8 de abril de 2013

Ese gran invento en sí tiene unos ojos tan hermosos





y los árboles duelen como dos lenguas que se muerden
duelen como piedras rodando por la boca
como cristales atravesando el tubo de la boca
delante de la extrañeza del alma
¿Quién no se ha preguntado alguna vez esto?
¿Quién no se ha desenvuelto con dificultad entre las preguntas del cuerpo?
¿Cuál fue el dolor que se come hoy a mi mente?

ese gran invento en sí tiene unos ojos tan hermosos, pero sin la distancia,
daba señales sin aparente esfuerzo
absurdo cuerpo abierto y a la vez cerrado
objeto en la línea de la vida
desacato al alma
forzoso y a la vez excesivo toma forma con su peso
dolor de la vida máquina copia del Universo
nunca cede sorprendido ante el desequilibrio
ni se preocupa de la ruina del movimiento
es el cuerpo del universo caprichoso ornamento
oscura masa sin luz asalto infinito sin torpe queja
ni duda ni pregunta
alguna vez en la duda de la fiebre perdido
de vez en cuando espacio caído sin declararse cobarde
pide ayuda en su queja sombra destructiva
es interior movimiento innato marea de órganos
es la sombra

Señor de la vida sin retórica pura causalidad
traición al libre pensamiento
inducido cuerpo mortal cantidad exceso de tierra
convertido en manos extraño al Infinito
es voz sin sentido ni lectura
pequeña distancia recorre bajo la ropa
le sugiere la noción de límite
a ese Yo que sobre él se apoya

Le encontré pequeño e indefenso
siendo de mí la única imagen
tierno como la carne silenciosa
con minúsculo traje
azul o rosa
redondito y con piernas
prometía viajes
aquellas tardes de cuna y lluvia
sueño de días casi completos
débiles dedos manos falsas
para una primera mirada desconcertada
finos dedos como campanas
finos huesos escondidos
casi realidad inmadura
persona durante largos soles
cae el plomo de la existencia
que luego con la mente será máscara.

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