domingo, 28 de diciembre de 2014

Nuestra historia que estaba de rodillas



Y verás cómo todo resucita. Nuestra historia que estaba de rodillas. Nuestras canciones ocultas se dispondrán al lamento, como un consejo, como un martirio extraviado. Y si a veces yo me dispongo en esta loca vista, alzo el pecho y mi desdén suavizo. ¿De cuándo fue tu piedad ausente? ¿De cuando? En este paso interrumpido, que deja caer las llaves de la venganza, habré de vivir echado en el suelo blanco, hasta que el orgullo y la ira siembren el campo de muerte.

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jueves, 25 de diciembre de 2014

Miseria del infinito


Somos puentes como extensiones marinas, veredas negras de agua salada, miseria del infinito. Somos la victoria de poca gente, la rodilla de leones crucificados, solo un matiz del Destino, que enrojecidos y humillados nos tiene. Nos verás, a veces, felices como vacas gruesas gruñendo en el lodo feliz de los cerdos.

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martes, 23 de diciembre de 2014

Humillar a un dios destinado a la vida


Humillar a un dios destinado a la vida, al dios del amor ciego que no conoce la muerte; a ese estúpido que vino sin sentido, darle su merecido hasta que reviente. No conoces mi historia ni las veces que me he puesto de rodillas, ni las veces que me tragué la miseria, ni las culpas que fueron del olvido. No tuve en cuenta los adiós repetidos; ¡ya sabes, no conoces mi historia!

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Te ultrajó por llevar los días puestos



Te ultrajó por llevar los días puestos. Llegaron marinos como últimos puentes persas. Te guardó en el cofre de la memoria. Y por llegar infeliz me promete más miseria. Humillar al dios de la mente, temerario extenso como la miseria. Y este es el mar miserable que se lleva la memoria.

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lunes, 22 de diciembre de 2014

El Puente de los muertos más cercano


Mira como los puentes ultrajan la salida, cierran el agua, y toman el Oriente. Pasan andando los muertos, en fila mortuoria, con sus cuerpos lentos. No miran el futuro del agua, ni el aire que la mueve. Son de carne y sus pasos no se oyen. Todos tienen la misma expresión de cara: parecen copias.

La gente empezaron a llamarlo el Puente de los muertos. Iban vestidos con sus trajes negros, desteñidos; zapatos negros; suela gastada por la repetición del puente. Nadie sabía si volvían una y otra vez a pasar; pero se sabía. No hubo nadie que consiguiese distinguir uno de otro. Miraban de frente como si no supieran a donde van. Un ir eterno sobre ese puente; y tal vez por otros. Pero cada cuál ve el puente más cercano; y cree que ese fenómeno es único.

No hablaban; así que no sé cuáles eran sus pensamientos. Poco más puedo decir. Nadie sabe lo que los muertos piensan.

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domingo, 21 de diciembre de 2014

Y entonces una palabra gritando como una loca yace entre hielo y hielo


Una parte del mundo, y entonces una palabra gritando como una loca yace entre hielo y hielo, congelada. Alejada de toda paz, yace. Yace feroz y acostumbrada, obediente y mar rojo. Yace como el dios del acaso, riñe con sus golpes, y confía. Se retira y viene antigua. Yugo del ingenio y de la obediencia. Oscurece, se sorprende, entiende. Hija y madre de todo error y acierto. Noble como Orfeo y su música. Antigua como una inscripción de piedra. Papel viejo, vástago del cielo. Voy a empezar va decirte: obligada. Contraria y despiadada. Mira por detrás del ultraje. Depende, depende.

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viernes, 19 de diciembre de 2014

Feroz silencio de la muerte


Todo lo que me enseñas como último fin del amor pregona. Despoblará al que te acompaña. Bañará tu lengua desdeñosa. En esta parte del mundo yace, breve y helada. En su furor fresco, espada. Hielo nebuloso, acaso, que muerto, se enfada. Cisne acostumbrado al último canto, con sus patas heladas. En esta parte del mundo, en tu lago. Dios obediente al frío. Feroz silencio de la muerte.

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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Bella de tu cuerpo vestida



Tal vez eres tú la esperada, bella de tu cuerpo vestida, con tu alma subida y cargada de este amor que me sirves como un puerto. Oh esperada en el reino de la tierra como única, más bella y suave que gacela. Vas por la barca de mi espalda como mejor puerto aparejada a mi piel ciega, tú, mi predilecta, mi valle oscuro de deseo. Tal vez el juego ciego del sollozo grita como un socorro, que la vida en ti grita como pecho fulgurante, llama, ardor y deseo. Y tomas del mío horizonte las curvas de la carne, las santísimas montañas de los hijos que nacen entre tus labios de fama. Tal vez de la vida eres arma fundamental y primera, principio y fin de existencia.

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martes, 16 de diciembre de 2014

En la entrada remas por el río infinito y eterno



Y vence tu nombre sobre todos los nombres y rompe el nido de las palabras y salen al vuelo todas las palabras. Y sucede que tu nombre invento como un manto. Y tú mientras cargada haciéndome predilecto. Al cielo subes como una barca y en la entrada remas por el río infinito y eterno. Esperada más allá de su horizonte de niebla, vagas lenta como en un cauce plano a la velocidad sin tiempo.

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Esa injuria que hierve abandonada, la salvo llorando


Perdí lo que quería. Como si me hubiera negado la verdad del amor muerto. Esa injuria que hierve abandonada, la salvo llorando. Amor llora sobre sus pasos; sobre sus pasos caen las lágrimas. Ando lejos sobre pisadas mojadas. Son nudos deshechos, a dos pies, a dos manos. Ahora recuerdo que fuiste mi guía. No conocía tierra sobre la que andaba; y ahora ando. Eran nudos de escucha: ruegos del alma. Ahora ando, alejado. Ahora ando viendo de la tierra la espalda. Su lomo, un camino redondo y solitario; su polvo, mancha. ¡Y cuántos ideales convertidos en pasos! ¡Cuántos «me equivoco» ¿Cuántos?

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lunes, 15 de diciembre de 2014

Si ella no fuese la culpable, sino la vida



A golpes del cielo me hace la vida, en su verdad, en su mentira; que el cielo no engaña, ya lo sé; que no hay palabra en el aire, ya lo sé. Pero que me niega la verdad de lo que siento, sí lo sé. Me dice que lo vivido es mentira, ilusión, descarrío; que los sentimientos y emociones engañan, traicioneros. Pero si los siento ¿cómo pueden ser mentira? Si el corazón, la mente y el cuerpo perturban  ¿cómo pueden ser mentira? ¿O es mentira lo que siento y verdad la palabra vana?

Así que a golpes en mi contra vivo, creyendo lo enseñado, negando lo vivido. Me señalan culpable las tablas. No las veo en mis pasiones reflejadas. Me niego; no vivo. Vivo, luego pienso en el tormento de la duda.

Si ella no fuese la culpable, sino la vida. Negada porque vida. Improductiva suficiente. Vana, gozante. Pecados para las palabras.

Si ella fuera corona y regalo, savia del cuerpo, nutriente del alma, sería árbol cortado, amputado y marchito. Y no quiso él crearnos para la muerte, sino para la vida.

Pues si así no fuera, ningún enamorado subiría..., ningún vivo sería eterno. Y no habría, en el juicio último, ni juez ni acusado, por ausencia de delito o de cuerpo.

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domingo, 14 de diciembre de 2014

Abre las puertas poeta como si la poesía inventaras


Canción, eres canción y canto, nube de hoguera al mediodía. No menguas como hoja seca que el placer mata. Nunca fui tanto encendido a golpes de deseo. Si aquel aire negado el cielo nos depara la injuria de la vida, y truena, truena a golpes de candado, abre las puertas poeta como si la poesía inventaras. Y si la honda de los dioses golpean los campos y hacen caer las aceitunas, recoge los frutos en tus manos y canta.

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jueves, 11 de diciembre de 2014

Y vi que estabas desnuda, extraña a la intemperie



Y vi que estabas desnuda. Extraña intemperie la de tu cuerpo errante, con su ardor dolorido, entre los miembros de las penas. Lloré apartado mientras acababas, con mi ardor a la intemperie, lacerante y terrestre. Me vi a ti unida, desnuda como una fuente cruda. Con la mirada entre las manos escondida me puse a mirarte. Escasa y rara como el amor de su amor huyendo. Nunca más encendido que ahora, con este mirar de ave. Hecha canto de sombra, el vuelo alzando.

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

A la autora semejante a mis días



A la autora semejante a mis días: aquella que me sacia, me dispensa, me perdona. A ti, amante semejante, ofrecida. Al estilo de tu pecado me viene aparejado el miedo de perderte. Benigna dulzura por mí nombrada. Antiguo me hice en tus huesos y voz que te llama. Me acuerdo, de ti me acuerdo con pena terrestre. En adelante, fiera desnuda, fuente y pago de la vida. Al fin vi arder el fondo de tus ojos, y más allá de las llamas, encontré el sitio del amor eterno.

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martes, 9 de diciembre de 2014

En los descansos del tiempo raso



A ti solo te nombro. A cada rato, en los descansos del tiempo raso, cada día que comienza. Como el que no quiere la cosa, a veces a punto de disolverme. Como quien duerme contigo en medio de los caminos con todo el tiempo por delante. Con el alma para ti hecha. A la merced del estilo. Con todos los perdón saciados. Rogándole al espejo. Sostenido por el miedo. Con un alma a ti semejante.

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lunes, 8 de diciembre de 2014

Duermo al raso de tu mano como hierba que descansa


Duermo al raso de tu mano como hierba que descansa, como triste rayo acusado de la quemadura. Fugitivo duermo como un dolor acusado. Y comencé a correr en llanto. Y fui gusto disuelto. Fui día, fuente, agua corriente como un manto. Me sentía disolverme, tiempo vuelto verdadero, cosa, hombre fuerte. Tu gusto tuve húmedo entre diente y diente. Y digo, y pienso, ... vio. Derretido duermo en tu nombre. Y ayer toda cosa fue verdadera.

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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Concupiscencia que al corazón me arrebata


Quien descansa, acusado y fugitivo, en el gusto de la huida cesa, en un calabozo encerrado. Pero no crean que de crimen y justicia hablo: sino del amor de medieval torre, esclavo, de la doncella que amo, a la torre llegando con clavos, sin escalera anduve, pues es muy vistosa la gorda soga, para la torre y el cuello, para los pies y el cadalso. Veíame, ella, mi amada, con sus ojos de inocencia, toda la concupiscencia que al corazón me arrebataba. Yo con la imaginación no me contento, dice la bella, que este cuerpo me exige con vibraciones dentro. Ya voy llegando, impaciente, que este el mío cuerpo más fuerte se levanta mientras más hacia ti sube. No puedo más esperar, ella me reclama. Sube más rápido o corto la escalera. Espera dama; usa esas manos para otra hermosura, que ya supiste otra noche que es más bella. Ya tomo tus labios. Me agarro a tus trenzas. Levanto tu vestido sobre tu cama extensa. No pierdas tiempo en desnudarte, amado, que ya tendremos ocasión luego para el desarme.

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martes, 2 de diciembre de 2014

Ella me dijo que no quería ser mía, que la culpa es de santos, y yo no lo era


Tal como fuente triste sin hierba, del dolor fugitivo, corría detrás del llanto, hasta convertirme en piedra. Tal como acusado de esta misma pena, corría detrás de la culpa para hacerme cargo de ella. Ella me dijo que no quería ser mía, que la culpa es de santos, y yo no lo era. Dormía bajo su sombra para ver si a su despertar me confundía con ella. La culpa con su mano duro me sacudía hasta caer de su negro vestido al suelo. ¿Quién duerme en mis piernas?, decía. No por mucho que caigas entre mis muslos, no por eso te voy a hacer mío. Tú quieres una culpa falsa de pensamiento; y la culpa entra en el inconsciente sin que él lo sepa. ¿O eres culpable y por eso corres detrás de la culpa? Pero yo culpa ni te reconozco ni te quiero.

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lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Quién fue aquí el fugitivo?


Duerme el raso, dice la hierba. El día le contesta: Descansa. ¿Quién fue aquí el fugitivo? Nadie, dice el acusado. Triste duerme el juez del parque. A gusto bebe agua la paloma. Se derrite un poco de nieve. Se disuelve algo en la fuente. Mira el acusado interrogante. No entiende la desaparición del tiempo. Está escrito en los papeles; verdad será. Pisan unos zapatos el fango. El dueño los mira preocupado. Mira alrededor más allá del parque: para ver si hay sentado un limpiabotas. El limpiabotas lo ve pero se hace el sordo. Quiere que la necesidad se haga urgente. ¿Para qué limpiar esos zapatos dentro del parque? Se ensuciarían antes de encontrar acera. Aprovecha una paloma y suelta. Ahora la tierra tiene una pincelada blanca. ¡Joder, qué mala suerte! La paloma y el fango de la fuente. Solo queda que caiga un árbol. Le oye un rayo; y piensa: No me tientes. No me tientes. Viene una envidiosa nube. Cae lluvia cerrada. Estira una pierna. Zapato bajo el agua. Funde la tierra. Moja la piel de vaca. Sonríe por lo que se ahorra. Sonríe como un juego. Se quejan los calcetines. ¿Ahora como andan mojados? Destiñen tinte azul sobre los dedos. Eran baratos y malos. Sueñan con estufa. Plof, plof, plof. Suena la música de los calcetines.

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Cortando el pretérito



Por amor anduve pidiendo. En el rigor de tu voz. En el recuerdo encendido. En el oír como un llanto. Requerido, amiga, por todo lo que en ti excede en el vaciarse amoroso. Y después me reconocí en tus gestos. Yo en ellos cautivo. Siendo tú y otro. En el robar recuperado. Turbado oyéndote. Movido y absorto. Cortando el pretérito. Mas luego, te escuché enroscándote como tinta nueva. Tú, papel; yo, daño. Ante mis ojos, atrevida, haciéndome esperanza. Indigno, yo y ciego; ante tus ojos, hecho. Revestido de ruego. Aunque esto de mí mismo lo sabía: tiniebla, luz y huella. Se enciende el paso. Descansa el día. Fugitivo el llanto. Yo acusándome de amarte tanto. Duerme al raso el correr del camino. Se disuelve la hierba. Tu pie la fuente. Me dejé caer como el líquido del tiempo.

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