miércoles, 3 de diciembre de 2014

Concupiscencia que al corazón me arrebata


Quien descansa, acusado y fugitivo, en el gusto de la huida cesa, en un calabozo encerrado. Pero no crean que de crimen y justicia hablo: sino del amor de medieval torre, esclavo, de la doncella que amo, a la torre llegando con clavos, sin escalera anduve, pues es muy vistosa la gorda soga, para la torre y el cuello, para los pies y el cadalso. Veíame, ella, mi amada, con sus ojos de inocencia, toda la concupiscencia que al corazón me arrebataba. Yo con la imaginación no me contento, dice la bella, que este cuerpo me exige con vibraciones dentro. Ya voy llegando, impaciente, que este el mío cuerpo más fuerte se levanta mientras más hacia ti sube. No puedo más esperar, ella me reclama. Sube más rápido o corto la escalera. Espera dama; usa esas manos para otra hermosura, que ya supiste otra noche que es más bella. Ya tomo tus labios. Me agarro a tus trenzas. Levanto tu vestido sobre tu cama extensa. No pierdas tiempo en desnudarte, amado, que ya tendremos ocasión luego para el desarme.

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