domingo, 17 de junio de 2018

El fruto del aire

La vanidad del amor amante. El quisiera para siempre, siempre, siempre. Cuando estábamos tan alejados de la costa, en lo profundo, ocultos. Eso mismo pensaba la gente. Y, si de eso no hay, solo hay objeto causa del deseo, amor carnal fluyente que como el agua va y viene, placer dado al otro y el recibido, y el repetido por insuficiente, y la lógica del amor perdido y reencontrado, ciegas pulsiones que rodean su meta, es decir, un estado del no llegar completamente, fallido ya, al menos exuberante. No, no, no, están actualizados, siempre nuevo como el ave fenix, con otro rostro nos hace sentir su belleza, su fuerza, presenciar como retornan los árboles antiguos en el desierto nuevo. Y así, amor como un retorno de no habernos nunca ido, como un siempre estuve, aunque no lo supiéramos, porque nuestra vista, en esto, es corta y ciega.