domingo, 30 de noviembre de 2014

Y desde entonces todas las estaciones son frías



Y desde entonces todas las estaciones son frías. Transmutaron las flores en hojas. Nada se movía. Ni la fuerza fue fuerza, ni el hombre hombre, ni el laurel gloria. Todo se pierde; pero quédate. Quédate un día. Quédate como mi cabello, como los miembros de mi cuerpo, quédate. Quédate como mis pies sobre la tierra, como mis brazos agitados, quédate. No eres para menos pluma, china, japonesa: dulce caída. No eres fulminación la espera, ni lengua de agua, ni cisne de palabras. No eres un dónde buscando, ni un lado silenciado, ni un podría. No eres: aquello me lo quitaron, andando solo anduve desusado. No eres templo de llanto, ni sentir enemigo, ni un recordar siendo. Eres mansedumbre, ribera, en ti anduve, merced amorosa, voz, mirada, mano, ... Y no es preciso que yo lo diga.

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sábado, 29 de noviembre de 2014

Esta vida me habla noche y día de celos crueles, por cierto infundados.



¡Ay de mí quien soy! Soy la vida dando vueltas en mi cabeza. Esta vida me habla noche y día de celos crueles, por cierto infundados. No tengo razón pero tienen potencia. ¡Ay de mí, infortunado, cruel, de mal agüero! Te celo y tú,  santa, con tus preparadas salidas me consuelas. Son golpes de tarde en el estómago. Me desgarro con la mente la ropa cuando te veo traspasar la puerta y la calle, su puerta y su cama. No solamente te siento fuerte sobre su cuerpo, sino también sudorosa y en llamas. Sales de casa con pasos lentos y con botas; como sin prisas, casi sin ganas; ¡maldita obligación las compras! Hasta aquí llegan los golpes de cama, vuestras risas, el placer chorreando, la burla cínica cómplice callando. Te ha arrancado vaqueros, jersey y camisa; desenmarañado el pelo, agarrado con el puño fuertemente cerrado, y un beso primero abierto, hasta el rechinar de los dientes. Sientes aguda en tu vientre la punzada. Te abre de piernas fuerte. Te lleva a la cama. Entonces yo aquí impotente, en el sofá tumbado, escribiendo esto para calmar la muerte. Es tu vida y yo nada de eso puedo ofrecerte, ni de corazón, ni de cuerpo, ni de alma, ni de mente. Me escogiste como ultimo recurso, como última salida. Aún habiéndolo intuido, y alguna vez que otra roto, seguí adelante porque estaba enamorado y tú eras mi única salida. Si quiero tener y tenerte pago con lo único que puedo, y no es belleza pagar con un billete.

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jueves, 27 de noviembre de 2014

Omito


Ofendido; resulta que él está ofendido porque la vida es triste.
Digo: ¡ay!, que desde ayer ya pesa el pasado. Al primer asalto de las horas, las horas ya se han ido. Desde mañana prometo no envolver más lo que se derrite; entre otras cosas, por ejemplo, las lágrimas. Omito pues; lo que creía lo omito.

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miércoles, 26 de noviembre de 2014

Antes de que vuelvas, piensa clara


Antes de que vuelvas, piensa clara, dale a tu corazón la vuelta, limpia el suelo de los mil años que lo manchan; que solo un día arrastra toda la piedad desconocida del mundo, que las riquezas se caen de los bolsillos, antes de que vos vuelvas.

Antes de que sea noche y llegue el verde alba, transforma esta sequía sin brazos en un charco de ranas; que la edad de la hierba aún no ha crecido, que el amor es un albergue, un estrago, un crujido.

Antes, te diré en demasía, tomando aires de ofendido, que el amor es libre, al que sirvo.

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Vi descarriado lo sufrido


Dulce es nacer en tu afán, dulce crecido como un canto. Te vi de dolor, te vi primera, inclemente. Supiste nacer en mi pecho; supiste entonces a estrago. Fue el tiempo crecido como un arrollo quien deshizo la espera. Vi la hierba correr por tus manos con el afán libre. Vi descarriado lo sufrido. Y ese fue el resultado de verte. Quiero vivir alegre como si no hubiese sufrido. Luego te diré como ha sido la vida sin sufrimiento. ¿No tendría pues suspiros ni memoria? No tendría inclemencias, ni sonidos graves, ni aves llorando. Da fe a mi memoria. Asiste a mi olvido. Hazme cualquiera dentro. Disculpa mi angustia. Sé mi envoltura.

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lunes, 24 de noviembre de 2014

Relato de amor y laberintos



Vivo estás en su cama,
cruel
te condenas me condenas
a esta espera
aquí estoy para cuando el deseo de ella se te vaya

Soy yo quien está dentro y tú dentro del laberinto
vivos a la vez muertos
y sobre todo a la espera
Allí yo de día tu sombra,
de noche fuera grito.

Ese ruido en ti es silencio afilado
encerrado entre los muros de mármol
sin preguntas, como un dolor que no habla

Doble dolor doble silencio
yo callada cólera siempre
tú, la culpa de tu huida
piedra cerrada, isla cercada
yo sí sé mirar, cuando fuiste encerrado

Ella, ella, ella te metió en sus sueños
del tejido miedo, te torna feroz, mi fugitivo.
Claros son los jardines de fuera,
desde el otro lado te rondo y oigo
Aquí fuera solo existe el frío
Allí tienes sus manos
Pájaros locos se esconden allí.

Yo vivo aquí, en ti, en la sombra de los muros
que tú has elegido, cruel condena de isla,
encerrado en la curva de sus brazos,
hambriento, te equivocas, ciego

Son sus pasadizos equívocos
¿no oyes su posesión-ruido?
¿no sientes la piedra de sus manos?
Ella te llevó allá dentro protegida

Que caiga sobre mí el cielo afilado si de ahí no te saco.

Es como herirse con las cuchillas de cada sílaba
y acabar desangrándose al final de cada palabra
cada vez que me hablas de ella
No quiero, no quiero que la saques de tu boca,
no quiero que ella corra en tu caliente saliva.

Súrcame nuestro recuerdo
repítelo, repíteme, súrcame en tu boca

Ya ves : cuando no estás tengo la lengua acelerada.

Te acercas como una vela lenta en el horizonte,
te hablo sola
como a un imposible fijo
hermano de mi cuerpo
me hablas a mí desde lejos te oigo
liso como una cala de mármol

Eres oleaje cuando llegues
oleaje vela mis sábanas
hablar es hablarte
Te escucho en lo alto de mi espejo

Aún es demasiado lejos pero llegas.

Entro en tu laberinto a escondidas y te veo doblado,
ya no tienes centro sino dentro
como una sombra que cubre los pasillos
Llego, te veo, no te hablo, invisible

Siempre en ti es noche mirando al suelo
me recuerdas me dejaste fuera
tal vez para protegerme

Reinan en ti los ojos fijos
del desamparo sin-ti sin-mí
te proclamas libre encerrado
vuelvo comprobando tu silencio.


Para siempre, yo soy para siempre,
en este para siempre me dejaste
sabiendo que volverías
tengo las últimas manos de niña que me dejaste

Pero mis sueños son tu centro
están siempre a ti siempre ceñidos
como el primer punto de mi vida
dulce y enorme en el reino de mis sueños.

Esta fuerza terrible que me dejaste
te acecha
cualquier signo tuyo es mi alimento
sin medida en tus ojos vivo
gran poder me tienes en espera

Tu huida te dejó preso en el laberinto de ella
de mis paredes testimonio
aquí en mi cuarto tus visitas quedan
rosas noches promesas.

A la vista de la mañana tú miras al mar-espera
llega la curva del agua
alta contra la pared del sol
el silencio es un foso
abierto en mi pecho como un gran agujero haciéndose

Mis entrañas sin salida viene de tu perdida
mi tortura insaciable en las puertas de fuego allí medita
tu partida hacia ella, hoy vuelves

Tuve párpados abiertos sobre la mirada
engarzados en sueños
de tu retorno vivo
en reiterada espera.

Empuña la palabra
y el mensajero le dice:

se ha acabado el hilo del tiempo,
ella quiere el fin de tu espera,
de seda ha hecho el camino,
la vuelta será breve

soy el mensajero
por mi boca la boca de ella habla,
no te confundas, prisionero

por mí te golpeaba
por tu aspecto derribado
el amor de ella no te mereces

no sé qué ve su corazón en ti,
¡mujeres! si fuera yo ella
no podría monstruo amarte

no sé nada de ti
pero no brillas,
solo veo a un hombre,
¿acaso tu horrible apariencia me engaña?

yo por mí vendría a matarte,
no escucharía tu causa,
yo como hombre no soy de palabra,
esas que corazones rompen

pero tu mirada desafiante
pone brava mi espada,
no sigas, condenado, con esos ojos,
que un instante te doy por muerto
y muerto yo para ella

su belleza me frena,
me abrió de su cuerpo la puerta
al acercarse y ahora dudo de cumplir la promesa

dame motivos y la olvido

dime su nombre y te perdono,
cuéntame de ella y de vuestra causa
y tal vez olvido,
habla ahora de frente

dame razones para no ser yo el que vivo vuelva,
tú sin actos ni nombre aún para mí no eres nada,
habla si la amas y quieres salvarte

¿oyes como su respirar de ella suena lejos?
aunque no comprendo te ama y espera,
defiéndete y habla, mudo insensato

¿es tu amor un mundo de espejos o nube?
¿miras a través de la fábula?
¿o ella contiene un mundo que no conozco?

de muy lejos vine para traerte su mensaje
y ahora quiero tu respuesta,
habla, o ella será solo un recuerdo.

Ella le dice:

¿no ves que soy yo?
levanta esos ojos míos y mira

me reconoces en el fondo de ti
como yo en mí te reconozco

¿no ves el parecido?

a través de ti veo
y aquí vi la penumbra

no es con los ojos que vimos esta oscuridad
donde has vivido,
entré contigo
justamente a ti destinada

nos golpeó la sombra
y el tiempo,
nos hizo juntos silencio,
cercanos y juntos aunque cuerpos alejados

el rumor ni tú lo sabíais,
fui yo quien te alimentó en sueños,
iguales a los míos,
era yo el diálogo del puerto,
tu consuelo de viaje

algún día estuve a punto de decírtelo
desesperados,
pero la duda me golpeaba,
no hay viaje sin ida y retorno,
era necesario,
callar dentro de ti

fui el hilo que mantuvo tu cuerpo en vida,
tu nombre mi nombre,

Y él le dice:

dices hilo y huelo a salida.

Ellla le dice:

no habrá salida antes de las palabras.

él: sácame.

ella: háblame.

él: solo puedo hablar por tu boca.

ella: háblame con tu boca calcinada.

él: hablar me quema.

ella: arde si quieres vivir.

yo apagaré tu fuego cuando ardas,
algo se quemará en la salida,
tienes costra de sombra

él: ¿cómo me quito el encierro?

ella: habla.

las palabras son agua.

abre el sol,
y los ojos y la boca

él: ¿podré salir?

ella: saldremos dentro-juntos.

veo el tiempo plegarse y te extraño,
veo el estrecho encierro
y sinuosa la salida

él: ¡agua!

ella: soy el mar.

única.

él: llévame de la mano.

ella: nos llevaremos dentro.

mis entrañas serán riego.

él: cantas como un arrollo.

ella: algo morirá aquí.

él: no quiero morir sin ti.

ella: algo morirá nuestro.

él: si pudiera saldría de mi cuerpo.

ella: de mi cuerpo no puedes salir.

te mezclo con mis dedos.

él: se me remueve en ti el cuerpo.

ella: soy yo quien lo siento.

él: veo de ti ...

ella: aún no verás hasta la salida.

él: ¿tuyo es este aire?

ella: tuyo.

ven, hoja seca y florece.
¿notas por dentro estas curvas,
mis meandros?
desde ahora te parecerá horrible morir.
Créeme, aquí dentro duele.
tendrás que curarme las heridas,
algún interior roto,
sanarlas desde dentro,
con tus dedos,
y así hacer de herida marca,
hasta que desde dentro de mi cuerpo
encuentres las puertas.

Carlos del Puente

viernes, 21 de noviembre de 2014

¿Quién anida en esta tierra?



¿Quién anida en esta tierra? El odio dominante, trabaja, empaña el sol. También anida el tiempo; que es otra forma de odio. Anidan algunos sobre los árboles: pero esos son enamorados locos que se han salido de este mundo. Salvo algunos que se han caído como hojas, aún quedan muchos haciendo parejas.

En esta tierra anida el trabajo, ese indecente. El trabajo te obliga como el día; tiene odio a la pereza. Trabajar no hace estrellas: hace una selva de manos.

¿Quién anida en esta tierra? Anida el alba en su lucha con las treguas de las bestias. El alba llora cada vez que amanece. Llora tiniebla, claros de días, hijos sensibles a la crueldad de la vida.

Anidan también los comienzos. Los comienzos llegan y huyen como ratas asustadas. Hijos de las alcantarillas subterráneas, ahuyentan el vacío.

Anidan noches crueles como picos de estrellas; maldecidas por la luz, lugar del llanto.

Anidan sombras lloronas, cansadas de secretos, mortales desaparecidos en el tiempo.

Antes que vos anidaba el vacío,

el suelo,

el polvo,

mil años.

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Débil fue la sombra de nuestro abrazo


El y otra mujer te espera en la esquina que no habéis visto al torcer la calle. Débil fue la sombra de nuestro abrazo; débil y desdeñada. Con sentido habéis querido darle sentido a todo; mas no era mío: era el de antes. Si me ayudáis a ser infeliz os lo agradezco; pues tanta dicha es insoportable. Mas si me ayudáis en este exilio, y acudís a mí llorosa, seguiré el curso natural de mis sentimientos aunque fuera mi culpa grande. Ya sabes, dulce amor, que no sabría acudir si no es desdichado. Que no es culpa mía si por vos amo en exceso. Para todo animal, así como para el animal humano, en esta tierra anida y descansa el amor que comienza en la sombra. Mientras tanto enciende la casa, no vayan a entrar las fieras y esto más que vivienda, parezca un establo.

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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Nunca me puse a escribir vencido


No soy tan fuerte como crees, querida. No soy la luz que esperas. Soy algo tenebroso y tristeza. No soy eso que resiste los envites de la vida. No tengo lugares que protejo. Ni noches, ni tardes. Tengo el destino enfermo. Y la conquista vencida. Un mal de ojos que me quita la vida. Nunca tuve belleza ni fuerzas pulidas, ni los labios sintiendo. Ni voz en el pecho, ni asaltos. Nunca me puse a escribir vencido. Con los labios abiertos y ceguera al primer asalto. Nunca tuve ojos ofrecidos. Mil veces abajo. Otras mil por tierra. Y si algo he de esperar, será algo que me espanta.

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martes, 18 de noviembre de 2014

Mirarte como un lugar tenebroso en la tarde


Mirarte es mi deseo. Ver, como a veces escapas, huyes sin mí, conmigo, llorando y rebelde, callada como un lenguaje muerto, llorando sobre otros hombros; y verme caído al suelo, con el llanto dentro. Mirarte como un sol ofendido: animal fiera que se defiende, con la noche fuera. Otros, locos de espera, gozan de verte. Otros me encienden, me ponen a prueba. Otros locos creen...; y yo seguro: de tus besos anochecidos. Mirarte como un lugar tenebroso en la tarde, con ojos enfermizos. Y tú fuerte te resistes a la conquista. No soy fuerte en tus manos: almohada, acera, jardín y espera. Resisto a la distancia: la empujo, estrujo, muerdo. Miro al suelo de tus pasos: veo la sombra que dejan, su olor pegajoso, el sonido pasado.

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El amor como el ajedrez es una metáfora del juego



Así como hiere tu ausencia, así juegas conmigo a las Damas, damas de pinchos y saltos, negras y blancas, de madera tus manos, tiemblan al «Me como una», indiferente, que aquí no hay Reina ni Alfil ni Torre, esa en tu pecho amurallada, en cuyos pasadizos me haces laberintos... que en ellos no hay simplezas, de simples saltos en diagonales, que aquí se ataca con enredos de todas partes, pues la Dama y el Rey bien se conocen... de otras partidas donde se han tumbado y comido. En esta partida se juega cada movimiento del corazón con riesgo, así como puede acabar uno tumbado-vencido en dura cama de madera, ser hecho en una torre prisionero, después de ser acorralado. Puede ser el alfil ominosa patata: toma con sus brazos diagonales el cuerpo de la Dama, la amenaza, tumba, tambalea,... le hace griños desviados, pasa cerca, la amenaza, toca, a un rincón se aleja. Hace el Rey gesto de posiciones, se miran los tres recíprocamente, Reina esconde juego, Alfil juega: sus pies ligeros sobre el tablero. Rey y Dama ponen cara de póquer. Parecen las líneas inclinadas hacía el más rápido caballero. Llama el Rey a Caballo, molesto. Sube en su espalda; desde la altura mira. ¿Cuántos movimientos quedan en este aperitivo ligero? Piensa el Rey en apretar la jugada, la Reina de cuerpo quieta. Teme ella apresurarse y revelar su jugada. Mira sin mirar al seductor risueño. Arrasta pies, el Rey silencioso. Toman cálculo los intrusos. Toma el Rey bayoneta y apunta a un pájaro que no está en la partida. Sonríen todos de su aparente ceguera. Pone el Rey a sus guerreros en combate: despeja público sobre el campo. Bebe el mandatario un atraco de espesos celos. Enfurecido y pesado cree que esto es solo un juego: no hay dama que no esté encubierta; sería para ella demasiado arriesgado levantar carta si está boca abajo. Ella sabe que la mejor jugada es la abierta, pues menos sospecha despierta. En este bardo se juegan amor, cama o cuello. Más le vale alargar la partida y esconder el juego. Va ella en batería del alfil atacante: acerca posición de víctima para asegurarse el engaño. Muestra el Rey expresión de reproche por esta torpeza. Sonríe ella ingenua fingiendo desconocer el juego. «No aprenderá nunca», piensa para sí el gran proveedor del reino. Este error le cuesta el ágil seguimiento de la jugada. El Alfil, esa bestia inmune al dolor ajeno, hace movimiento ante el engañado. Está molesto, decide partida rápida y ante la mirada censuradora de la Reina, juega al despiste con cara alada. Pasa un buitre; pero solo es un pensamiento de aire. Calcula ella el silencioso y secreto vuelo; mira el Rey confiado; mientras, se enfría el Alfil en la mascarada. Le alarga caña ella sin ser comprendida por ninguno. «Tontos estos hombres que no comprenden. Solo ven los movimientos evidentes.», piensa. Queda el Rey ciego y clavado en su ceguera. Descansa, come, duerme, en su apreciada tranquilidad masculina. Está el Rey comiéndose el coco en su torre de marfil. Está la Reina inocentemente por el laberinto del jardín paseando. Mira el Alfil la altura de los pasillos de hierba. Ella juega al Eterno hasta durmiendo. Ellos la consideran activa y nerviosa. Mas es la pasión oculta la que mueve pieza. Es imposible jugar una partida cuando se ignora que la partida se está siempre jugando. Complica ella el juego con múltiples pistas, y todas verdaderas. Está frito el pollo en su torre dispuesto para banquete ajeno. Le hace ella dibujo de sus intenciones ocultas. El cree en ese mapa como verdad verdadera. Duerme tranquilo en los ojos de la siesta. Mientras, ella sonríe ante su inocencia. Sabe de la guerra el arte pero del amor el arte no sabe. Cree el Rey en los discursos que la moral tranquila sobre ella hace. Puede ir a la guerra o perderse delante de vientos enemigos, que el tiempo es paciente espera, dulce y suave. Es el castillo un fósil donde la fruta se pudre. Esta grapa se come con gula a los glotones y deja cáscaras. Se ruega gourmets exquisitos y lentos. Hace la grúa con sutil delicadeza sobre las manos ofrecidas. Pone al Rey en posición de Infierno por largo aburrimiento, hastío o falta de energía. En este juego con suicidio controlado la emoción arrebata y alimenta. Tiene ella mano ligera para la piel y mano pesada para el que yerra. Mueve ella el tablero cuando ellos confían en victoria rápida. Pone el Rey ojo y cerradura a su puerta. Duerme dentro con llave en la misma cama. Saca ella del tablero al Alfil y lo lleva en tren a su escondite.

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lunes, 17 de noviembre de 2014

Si me hieres que sea ...


Si me hieres que sea con tus ojos. Ojos de gata. Enferma de amor, halo. Esgrimiendo la noche. Creadora de palabras. Oculta. Siempre amor viendo. Regida por la columna del Universo. Mi esperanza; mi latino nombre. Gloria hacia mí desviada. Aire y tormenta. Camino. Si me hieres debes ser árbol: árbol-tormenta, árbol-vecino. Desvío. Lluvia majestuosa. Cambio del tiempo. Abeto. Pino. Ruiseñor de hierba. Ala de noche. Sol y tu sombra. Destino. Evidente. Altar, rostro, ternura. Tormento de ausencia. Desengaño invisible.  Si me hieres guárdame los ojos. Aspereza extinguida. Tormento invisible. Planta. Rostro lento e íntimo. Amor año nuevo. Socorro de mis suspiros: bendito lugar del tiempo. Altura de la hora. Alma semejante. De buena suerte anhelo. Única ciudad tuya. Mi desafío. Si me hieres que sea con anhelo. Desafío. Duelo. Mente. Vuelo. Suerte. Camino. Lumbre. Causa. Dolor: hora breve. Consuelo. Alegría. Esperanza. Paso sostenido. Aire tomado. Ayuda buena. Agua caliente. Trecho: bien perdido. Pálida vista del atraso. Asalto a mi pena. Esposa. Esposo. Si me hieres que seas completa. Flaca y esforzada. Consternada. Sin edad. "Añorosa". Sitio. Familia. Postre. Lluvia de casa. Ventana amarga. Vientos separados. Mundo. Verdad verdadera. Risa. Reposo. Fuego. Atento del amor martirio. Turbia. Clara. Martirio. Vos, fuego. Si me hieres no seas mansa. Debes ser brisa rota. Cristal cortante. Deseo clavado. Vista ardiente. Fuego, martirio. Verdad tirada a la cara. Fatal espíritu. Vista gorda. Estrella caída y reventada. Un fin sin aparte. Llaves rotas pensativas, cortantes, de hierro, punzantes. Pecho abierto y cercano. Escalpelo, suelo sin tierra. Huir de esta manera: a grito, callada.

Y desde allí, ...

De esta manera ya no muero ni conmigo quedo.

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sábado, 15 de noviembre de 2014

Si con llamarte no consigo que salgas de tu pecho



Si con llamarte no consigo que salgas de tu pecho, si a tu nombre escrito en el rumor, si todo comienza con tu dulce acento. Si de tu irreal ausencia me percato, y nos tratamos con suspiros en el pecho,... si a ti realeza inmediata, grito, y en dicha empresa pierdo todas mis alabanzas. Si al llamar tus hombros descuidados, y en ellos besos reposo; si mi deseo rendirle quiero... Si en tu cuello me hallo de inmediato, muy cerca del camino de tus gritos... tu voz me enseña a nombrarlos; esa voz con la que haces alabanza: inmortal lengua verde... en ese loco extravío resuelta... a seguir sus lazos me enseña. Si en este afán por ti resuelto, de seguir tus pasos de huida, uniendo los lazos de tu lengua, corro detrás de ti revuelto, espoleado y obstinado... Si con llamarte vivo... Si ni mi ausencia miras... Si menos oyes cuanto más te amo, si me nombras eco, si me niegas este camino acertado. Si busco en ti la índole, a tu merced sacudido. Si este amor en trance cogido, si mi pesar no llama a la muerte: ese fruto eterno amargo... Si me afliges y confortas, si probar tu futuro quiero. Si ociosa contigo es mi somnolencia, si tengo de ti toda la gula del mundo... Si virtud ya no me queda, ni vanidad, ni orgullo. Si al mundo le puse un velo y lo tomé por ti extraviado... Si la luz cada día como un río se extingue, si el cielo ya no tiene influencia, si esta vida informe y señalada... Si ya no existe otro anhelo, ni cosa admirable. Si pocos irán por tus manos: esa otra vía del universo. Si tu espíritu es una gran empresa, del amor magnánimo. Si visitas terrenales emprendiste, gran espíritu enviado. Si no cabe en tu amor lástima, ni miembros desperdigados. Si eres esta visita que Dios me envía. Si eres la que despierta... la que mi fortuna hace. Si del llanto placentero... si de esa bestia. Si me haces placentero, sereno y consuelo, y morir no quiero. Si me traes noches serenas con todos sus extremos. Si del amor anterior tenemos sonrisas. Si venganza no sufrimos como cadenas. Si allí llevados a las cuentas de las horas, si fuimos su albergue y cueva... Si en el amor fuimos sagradas bestias... Cuando el planeta venga a contar las horas seremos encarnado tiempo, luz y aurora. Si de nuestros ojos preñados estamos, día y noche germinando, si humores líquidos bebemos, si somos uno para el otro fuente. Si de tal fruto tal fruto, crema oculta de nuestra palabra... Si nos coge de vez en cuando el viento y hoja nos hace... Si «A otros con ese cuento», nos dicen los descreídos. Si nos sonríe su viva envidia vuelta fuente. Si a otras damas hiere que el amor sea nuestro, si con esgrima nos lanzan rayos, creen ellos que el amor existe porque en nos se ejecuta.

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jueves, 13 de noviembre de 2014

Creaste el otro hemisferio de la clemencia, la otra divina esquina, la última luz del día


Demostraste, hasta al venir al mundo, clemencia admirable con éste otro que de ti hace cuento, teoría o poema. Creaste el otro hemisferio de la clemencia, la otra divina esquina, la última luz del día. Y vino el mundo con su misterio como la red de un libro abierto a darme al nacer aliento. Y vino alumbrado, a alegrarse, tanto se complacía en su estado. Vino el cambio que nace, el misterio, el cielo y su herencia, la verdad de la llave. Mas esto hoy me complacía, a sol dado, a natura, a alegría. La llamada de un suspiro se escribe en el rumor del amor dado. Se escribe como nombre en tu pecho, como algo dulce e inmediato.

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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Con esos pasos que sobre los ojos me hiciste que más bien se parecen a duro llanto


En el tiempo tuve un espejismo protegido que no supo defenderse de la futura pena que el amor venidero me ofrecía. No lo entendí entonces, ni ahora entiendo el dolor común que no hicimos. Juzgaba por principio que con este amor no vendría ningún gemido. Y un día fresco me hallo en él hundido, todo desarmado, sin puerta ni barco para la huida. En este amor abierto, con los ojos quebrados, me hallo al amor presto y desgarrado, con esos pasos que sobre los ojos me hiciste que más bien se parecen a duro llanto.

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Estoy sentado sobre esta puerta del muro del horizonte


Este corazón siempre abierto como una puerta a donde se llama con los ojos y llanto del terror que le causas. Se abren paso tus ojos en el umbral de la casa. Casa, puerta, llanto, vienes, al parecer, armada. Hiriéndome con tu boca infinita, con el arco de tus labios, con la curva de este hemisferio, y yo parado delante del muro del horizonte por donde te has ido. Que sufra yo admirable, no tiene gracia. Aquí sentado sobre este muro voy a esperar tu regreso. Porque me ha demostrado el tiempo que quien por aquí se escapa, por aquí vuelve: como si cuando en el horizonte uno abre una puerta esa puerta es única y nuestra; por ella se sale, por ella se entra; aún siendo uno extraño a este propio fenómeno.

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lunes, 10 de noviembre de 2014

Como el que planta una mirada y crece


Porque cada día sin ti es una ofensa, porque haces arco de la espera, porque en mi pecho tu día suele cobijarse, y porque... Eres tan hermosa aturdida, escondido arco que en mi pecho se ensalza, donde antes solía cobijarse, que a mis ojos con un golpe mortal dejas. Fue aquel día con rayos de sol poco luminosos, que hallándome desprevenido, con corazón muerto, viniste a quitarme la pena. Tus ojos fueron aquellos que primeros me miraron con cara de nunca haber visto una sonrisa. Tus ojos del tiempo, de esos que no se encuentran en las tiendas. Me juzgaron protegido de cualquier principio de desarme ante el amor. Te equivocaste: te equivocabas porque esos ojos que veías no eran los míos sino tus ojos. En ese tiempo, en ese instante, eran tus ojos que se creaban dentro. Se hicieron así un lugar en mi cara: como el que planta una mirada y crece.

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sábado, 8 de noviembre de 2014

Los que van detrás del sonido alimentando el desvarío de los besos suspiran


Los que van detrás del sonido alimentando el desvarío de los besos suspiran y suspiran como locos enamorados con el corazón por los suelos. Los que han sido, serán y fueron hombres sin amor vivido desvarían a su estilo seco sin corazón dolido ni dolor en el cuerpo. Los que hoy suspiran en este juego loco del silencio, esos, no van dolidos en la entrega, ni con besos ni suspiros, porque a ellos nadie los espera. Si tu suspirar, mi amor alimenta, así con tanto estilo; si tu corazón varía con cada hombre, luego de amado haber sido; si esto ya es de esperanza tormenta; si tu boca piedad de mí no tiene; voy a callar ahora lo que duele y cantar más bien y alegre eso que siento y desconozco, que como, palpo y bebo, para arrancar este amargor de boca que hoy llevo dentro.

Así que amor detrás de ti anduve, como gente o muchedumbre, como solitario confundido. Así fui tuyo frecuente, de tu amor advertido. Y tuve tiempo confuso. Y tuve fruto de claro sueño. Que en este lugar del mundo, digo, donde dije no al amor ahora digo Diego.

Pero debes saber, y sepas, que este tiempo es claro y el otro oscuro, y aquel raro, y este... y este el del amor el tiempo, aunque me ves confuso porque no me aclaro.

Este breve lugar, que contigo es un instante, toma el lugar del mundo, allí donde solo hubo antes ofensas, desidia y enmiendas.

Ahora me voy hermosa por tu camino, ese que me lleva rápido a la sombra de tus ojos.

Ya ves cuando llego que el corazón se ha comido la boca.

Ya ves, aquí sin palabras.

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Yo a tu lado no soy mejilla segura


El truco luminoso está en tu amor absoluto. Aunque caiga yo como un  puente dorado, sobre ti premeditada. Porque el amor pierde los dedos al tiempo que me trae tu boca. Sí, el amor, ese riachuelo, que borra las huellas del tiempo, se pierde en sus formas desfiguradas. Tráeme de tu boca ese riachuelo, ese vis a vis del encuentro de tu mejilla con mi cara. Yo a tu lado no soy mejilla segura frente a tus besos resbaladizos. Siento tu calor como un fuego que recorre mi boca. Porque ya sabes que en ti nunca siento dolor. Aunque a veces eres como un oleaje infinito, enorme como mis sueños. Pesa sin ti el amor como ríos desconocidos que son en mi cabeza tus brazos. Ahora recuerdo que te esperaba como un saqueo. Vuelves de mar como un amago de irte. Te sientes alejada como la hoja de la copa de un árbol. Y las hojas se esconden siempre ante la brisa. Y yo descubro tu cultivo como un fermento, para verte siempre en mis derrotas borradas.

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jueves, 6 de noviembre de 2014

Ahora te voy a decir en tu boca algo absoluto


Ahora te voy a decir en tu boca algo absoluto, directamente como en el periplo de una metáfora. Ya sabes que la palabra coge su ambiguo destino. Sí, abrigada, recogida y absoluta. Ya sabes que de los datos del Destino tengo yo la culpa; porque he echado los seis dados de la redundancia. Ya sabes que te tengo un amor sin medida nocturna. Y no olvides que eres el centro de nuestra estancia; no olvides. Aún no olvides que se nos quedó clavada la repetición del tiempo, sobre sí mismo vuelto. No olvides este límite ciego de nuestra pasión primera. Hace un momento en nuestra cama trenzábamos nuestros cuerpos para hacernos una vida. Y tú, mi amor, inimaginable, llegas, pones los ojos de misterio hasta dentro de los agujeros de nuestras manos. Es imposible este calor que de ti conservo, este fermento tuyo, esta tristeza de gaviota de cordillera. Eres luminosa sal de mis abismos, la sal del cielo caída, un truco dorado y blanco que hizo entre tú y yo puente.

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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Y yo mientras a tu lado rompo el absoluto



Son las seis de la tarde y tengo tu ausencia en un margen tuyo, en ese margen que hace del mundo un agujero. Son las seis y no voy a dejar de quererte porque ahora estés en brazos de otro. Te palpo como el que no tiene nada, aquí, incrustada en la pérdida. Tengo ausencia como para llenar el amor que me falta. Y en esta rebeldía de los celos tengo un sentimiento oculto como una piedra. A la corriente de los hechos me remito.
No estás en éstas horas de tus calles. No estás y en mi cuerpo se hacen remolinos. Se abre, amor, todas las noches, mientras tu tienes el sabor de otros labios. Tengo otro amanecer en mi pecho con esa tibia tristeza que me mata. ¿Conocerá esta tristeza tu amante? ¿Te llamará por las noches a escondidas debajo de la almohada? ¿Le dirás: ahora no puedo? Y yo mientras a tu lado rompo el absoluto.

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Pocos saben de catástrofes, de esas de ella



En el borde; así puedo quedarme en la razón de amor loca me apareces como una mirada llena de desastre, rodeada de los contornos del cuerpo vacío. Pocos saben de catástrofes, de esas de ella, a veces vividas hasta sucumbir. Hoy verás amanecer por las ramas por las hojas planas, por los frutos, por las sedosas cerezas, al ras del suelo; y en ti, íntimo despierto. De ti, sí; y del rencor de la muerte: de ese rencor que pone límite al tiempo y al recuerdo. Si vinieras a recordar las palabras que fuiste, aquellos agujeros abiertos, aquellas miradas secretas... El amor también es el viaje de ti a mí de mí a ti y retorno: ese es nuestro Destino echado sobre nuestras manos. ¿Qué culpa tengo yo si ellas nos multiplican limpiándonos la nada como un sucio barro?

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lunes, 3 de noviembre de 2014

Tus emociones retumban en mi cuerpo


Si quieres crecer y cada vez en tus manos me ves, pensarás que el amor rompe el cielo, y sorprendido de celos muere buscando palabras en las que no creen. Los celos van gritando por las calles : ¿De quién es este dolor mendigo, esta vieja memoria reconocida en la profundidad del corazón tejida? Tus emociones retumban en mi cuerpo. Siento un amor profundo que cuenta todo lo que sabe de tu cuerpo. Vive en el entusiasmo, entre la verdad y la mentira, entre la cintura de los cementerios. En tus labios encontré los míos como dos manos; son el recuerdo de la piel de tus ojos con su forma de tierra, de viña y hoja. Tú, cada mañana, uva, manzana roja, sigues siendo rama donde tu amor acaba con fórmulas simples. Tengo en ti sello que levanta el tiempo. Ávido te invento. Contigo aprendí a contar la ausencia. Sin remolinos, rodeamos las piedras al borde de lo que queda.

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domingo, 2 de noviembre de 2014

Como el cantador andante alcanzando el agua más allá de la sed bebida




Mi canto hacia ella continua así: como el cantador andante alcanzando el agua más allá de la sed bebida. Ven acá, mi amor, ofréceme la bebida nacida de la salud del agua. Así me gustas nueva. Así pareces. Así caes en mi boca como recién hecha. Bailas dentro como una borrachera, como un baile abierto a los ojos. Así te ofreciste a beber de esta sabia reluciente. Aquí descansas, tú, la aparecida. En ti yacen todos los recién nacidos, nunca terminados en tu retorno eterno. Bajo tu altar, mal jugada la vida, y ebria; en ella, en tu espíritu de caballo libre, se desgarran vientos tempestuosos. Y tú, fogata viva das nacimiento al torrente del campo. Sabia eres, estrella hermana a mi pregunta. Estás pensando por venir la lluvia diosa se levanta hoy despierta y hablas. Tú, hermana mayor en el Tiempo, yo, niño, hijo y amante, en tu reencarnacion otra me reconoces. Eres la fiesta de la lluvia anciana, de las ramas que se acercan, del zumbido sabio del trueno. Yo, este niño que fui en el nacimiento representado, ahora amante tuyo, en esta dimensión reluciente, eres fiesta vieja de los dioses, sabía y explícita, quedas por venir en esta negación de la muerte. Haces la lluvia desde el otro extremo del mundo, la haces, aquí en mi pecho, como hace el árbol al tronco. Hija de las ramas, diosa de la hoja, más allá, allá afuera, salen tus hijos hacia el extremo horizonte. Te acercas hablando, comes flores, las respiras, mientras un hijo cuelga de la rama de tu vientre. Allá dice su canto nuevo a la vida con sus chiquitos ojos recién estrenados. Vas a cantarle los días de lluvia, cuando se chupe los pies, cuando tenga el dedo gordo empapado de saliva, cuando descubra la vivacidad de su sexo. Le cantarás en tus camas sueltas, de pie, de rodillas, en su desnudez inquieta; le abrirás del corazón las ventanas, los poros del cuerpo, las ganas, el placer y el sexo. Le harás aullar como a un perro loco, perro solitario del monte, transido por el hambre. Eres tú esa que termina, la que no espera el fin de los tiempos, hechicera. Le pondrás cascabeles a sus ojos, sonoras primaveras. Y ahora que llegas como el horizonte, respiro y te tomo por nueva. Sigues platicando y terminas, y empiezas, me hablas, me besas, en medio del oriente. Los dioses en ti dentro, sorprendidos, audaces, buscan el sentido al universo, y seducidos terminan. Cuál es la siguiente lluvia; dime, cuál. Allá está siempre más lejos cuando tú llegas. Y yo aquí en medio no tengo lugar para esconderme. Háblame en voz alta y me visitas. Termina de una vez el tiempo; cárgatelo como a un intruso. Hazme una casa en tus manos, una casa de visita. Y allí dentro, usted y yo entonces. Sujetos por las manos, cogidos por los ojos, metidos en nuestra boca, somos. Hazme otra vez lluvia; te lo repito. Usted es mi casa mi escucha el tiempo que no pierdo, entonces. A aquellos que te explican les digo que no saben sonreirte; a los que te hablan a escondidas con mirada de noche, que te eschuchen y entiendan; a los que ven tu cuerpo furioso, a esos les digo: buena suerte. Y a ti que nada me debes, a ti todo te digo con insaciables palabras. Explicarle a tu padre que llegó el hombre: ese que te hace vida. Ya sé que no obedeces ordenes, ni siquiera aquellas de mis súplicas. Explícale al viejo que seré un pasar, que no se preocupe, que él es el primero y el único. Así lo harás más viejo: sin que él pueda jamás alcanzarte. Hoy es día de lluvia, como ves. Y no tengo otra cosa que hacer que pasar por tu ventana. Quiero ser ese árbol por el que subo, quedarme como rama dura y verde, darte hojas, sombra, raíz, simiente. Ya ves: estoy furioso, fuera. Aquí, en el poniente, te pones tú sola: ni sol ni agua ni nada; tú, noche. Terminarán los dioses con este mundo y a ti te dejan.

Ahora quiero citarte:

Canto la magia de la lluvia para atraer los años nuevos. No son himnos ni versos, no son permanencia. A los sacerdotes del amor les crujen las piernas, se arrancan las manos al no poder poseerme. Permanecen en la larga ceremonia de la abstinencia para darme su simiente. Hacen oráculos del silencio mientras de lejos me hablan. Permanecieron tiempos infinitos fieles al juramento del amor que me deben. Pueblan de hijos imaginarios los valles. Hacen para la sed futura fuentes. Despeinados como dioses locos y furiosos, piensan en la captura de mis brazos. Déjadlos murmurantes. Dejadlos como minotauros furiosos con su aliento de laberinto cerrado. Mojan sus pies descalzos de orina limpia, los esfínteres sueltos. Murmurantes de maldiciones porque saben que no cedo. Los orantes ansiosos de sed bajan de la lluvia mojados como padres terrenales, sufren de mi vista, saludando al alba. Sacerdotes de cantos poderosos beben toda mi gloria antes del cántaro. Alrededor de sus labios vacíos se les resecan torres viejas. Viven rodeando, para no desaparecer, las sombras. Sentados en el primer día del encuentro, quedaron inmóviles como la piedra. Son carne de una oración perdida: dicen los años como los granos del rosario. Les sudan los ojos cada día nuevo. Sacerdotes de turno me vigilan a escondidas en el gran orden del universo. Guardianes de la lluvia vienen con las cabezas llenas de ranas. Se les ha perdido el Tiempo, y la fe, y la boca de tanto llamarme. Me obsequian los tesoros de templos milenarios. Y yo, aquí creadora, sonrío y respiro como cien vacas sagradas. Esta es la fiesta del deseo con la que la vida me obsequia. Son Gritonas mis manos. ¿Y qué? Te estamos buscando, me dicen, con ausencia de soberbia. Me cantan y aún así están tristes. Me lloran y creen que no sienten. Babean con saliva nueva y no se regocijan de tus labios. Diosa del fuego, flecha, del amor bandera. Ya se está moviendo del corazón el polvo y las plumas de los pájaros crecen. Oye, cantador, ahora su mi canto crece ¿por qué no vienes a mi cama? Te estaba esperando en este instrumento de cama. Estaba buscando tus pies, estaba mirando el vacío de tus pasos ausentes. Buscaba la raíz. La raíz anterior y su torrente de sabia. Hermano, hombre, amante, mírame estas manos emplumadas. Dime dónde andabas, con quién, cuando, si fue noche, día o tarde. Dime a dónde has ido que me has dejado sin mirada. Dime si fuiste al cerro, allá donde se encuentra la huella. O allá en la sierra, matorrales adelante, entre mudas fieras. Dime si a tu casa llegaste, si fuiste al reposo, si allá se encontró algo o nada. Dime si viste al pájaro mudo, si te soltó augurios, o fue contigo secreto. Dime si encontró la huella de nuestro camino. Dime algo más adelante. Pero antes ven aquí a mi cama. He tapado su entrada al viento para que no sientas celos. Nuevas especies de pájaros han volado. Qué les pasa si tienen sola la tristeza. Y retornan al nacimiento del fuego. Y se esconden bajo el agua. Y retornan a la madera de donde salieron. Nacidos del sol, son fuego, y plantas, y madera, y taladro. Son fuego como ciertos árboles en el silencio. Por eso sus cuerpos están acorralados por la avaricia. Ven, y ámame listo. Para el amor no tengo espejos, ni para ti oscuridad. Ven, mi fuerza, no sufras de mi yugo. Ven nutriente a este noble inicio. Ven. He preparado las aguas para esta nuestra ofrenda.


Tengas larga vida en mis brazos.

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Tomaría a la memoria como ausente



Tomaría a la memoria como ausente, a la estancia como orilla, al error como a mí mismo, a la sed como pregunta, al tener como a tu ausencia, al amor como lo que se esconde, a las respuestas como al vacío, a la ternura como al cobre, a las palabras cubiertas de bocas, a los ojos de amor como si lo tuviera, a las  garras de las caricias, al hoy como un día cualquiera, digo, tomaría al alma desesperada como a un amor confuso, a la sonrisa como pena, al corazón como a un búho eterno, a las palabras como a los ojos de la noche, a la presencia como a un naufragio, a lo lento como lo vivido, a las salidas del mar y del tiempo, a un de vez en cuando el dolor, a ese tiempo que cantas, a las paradas del recuerdo, a los sin avisos, al vino, a la parra, a tu pecho, tomaría el empezar sobre el borde del agua, a los recuerdos lentos, al vayamos ahogados, a los aprendizajes de tu lengua,  a las alas escandalosas, a las palabras impronunciables, a lo que fue, al vuelo del baile, a la mirada del espejo, al cristal de una línea, a la luz clara del frío, a la fugacidad del instante, a la orden de la muerte, al devorar lento, a ...

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sábado, 1 de noviembre de 2014

De esos besos vienes oscura como si tuvieras mi sonrisa en tu boca


De esos besos vienes oscura como si tuvieras mi sonrisa en tu boca, como si levantaras la tristeza sobre la justa pena. Esta tristeza conlleva siempre el amor en cada momento, cuando lo dices y retumba salvaje. Amor es un destrozo, el sentir una insoportable rotura, como estas manos ciegas con las que andan cortando el día. En esta tierra negra llena de murales con cajas vacías de viento y viaje, retornaría alguna vez desnudo de raíz, de viaje; con esta rama larga que es un augurio a la deriva.

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