sábado, 29 de noviembre de 2014

Esta vida me habla noche y día de celos crueles, por cierto infundados.



¡Ay de mí quien soy! Soy la vida dando vueltas en mi cabeza. Esta vida me habla noche y día de celos crueles, por cierto infundados. No tengo razón pero tienen potencia. ¡Ay de mí, infortunado, cruel, de mal agüero! Te celo y tú,  santa, con tus preparadas salidas me consuelas. Son golpes de tarde en el estómago. Me desgarro con la mente la ropa cuando te veo traspasar la puerta y la calle, su puerta y su cama. No solamente te siento fuerte sobre su cuerpo, sino también sudorosa y en llamas. Sales de casa con pasos lentos y con botas; como sin prisas, casi sin ganas; ¡maldita obligación las compras! Hasta aquí llegan los golpes de cama, vuestras risas, el placer chorreando, la burla cínica cómplice callando. Te ha arrancado vaqueros, jersey y camisa; desenmarañado el pelo, agarrado con el puño fuertemente cerrado, y un beso primero abierto, hasta el rechinar de los dientes. Sientes aguda en tu vientre la punzada. Te abre de piernas fuerte. Te lleva a la cama. Entonces yo aquí impotente, en el sofá tumbado, escribiendo esto para calmar la muerte. Es tu vida y yo nada de eso puedo ofrecerte, ni de corazón, ni de cuerpo, ni de alma, ni de mente. Me escogiste como ultimo recurso, como última salida. Aún habiéndolo intuido, y alguna vez que otra roto, seguí adelante porque estaba enamorado y tú eras mi única salida. Si quiero tener y tenerte pago con lo único que puedo, y no es belleza pagar con un billete.

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