lunes, 24 de noviembre de 2014

Relato de amor y laberintos



Vivo estás en su cama,
cruel
te condenas me condenas
a esta espera
aquí estoy para cuando el deseo de ella se te vaya

Soy yo quien está dentro y tú dentro del laberinto
vivos a la vez muertos
y sobre todo a la espera
Allí yo de día tu sombra,
de noche fuera grito.

Ese ruido en ti es silencio afilado
encerrado entre los muros de mármol
sin preguntas, como un dolor que no habla

Doble dolor doble silencio
yo callada cólera siempre
tú, la culpa de tu huida
piedra cerrada, isla cercada
yo sí sé mirar, cuando fuiste encerrado

Ella, ella, ella te metió en sus sueños
del tejido miedo, te torna feroz, mi fugitivo.
Claros son los jardines de fuera,
desde el otro lado te rondo y oigo
Aquí fuera solo existe el frío
Allí tienes sus manos
Pájaros locos se esconden allí.

Yo vivo aquí, en ti, en la sombra de los muros
que tú has elegido, cruel condena de isla,
encerrado en la curva de sus brazos,
hambriento, te equivocas, ciego

Son sus pasadizos equívocos
¿no oyes su posesión-ruido?
¿no sientes la piedra de sus manos?
Ella te llevó allá dentro protegida

Que caiga sobre mí el cielo afilado si de ahí no te saco.

Es como herirse con las cuchillas de cada sílaba
y acabar desangrándose al final de cada palabra
cada vez que me hablas de ella
No quiero, no quiero que la saques de tu boca,
no quiero que ella corra en tu caliente saliva.

Súrcame nuestro recuerdo
repítelo, repíteme, súrcame en tu boca

Ya ves : cuando no estás tengo la lengua acelerada.

Te acercas como una vela lenta en el horizonte,
te hablo sola
como a un imposible fijo
hermano de mi cuerpo
me hablas a mí desde lejos te oigo
liso como una cala de mármol

Eres oleaje cuando llegues
oleaje vela mis sábanas
hablar es hablarte
Te escucho en lo alto de mi espejo

Aún es demasiado lejos pero llegas.

Entro en tu laberinto a escondidas y te veo doblado,
ya no tienes centro sino dentro
como una sombra que cubre los pasillos
Llego, te veo, no te hablo, invisible

Siempre en ti es noche mirando al suelo
me recuerdas me dejaste fuera
tal vez para protegerme

Reinan en ti los ojos fijos
del desamparo sin-ti sin-mí
te proclamas libre encerrado
vuelvo comprobando tu silencio.


Para siempre, yo soy para siempre,
en este para siempre me dejaste
sabiendo que volverías
tengo las últimas manos de niña que me dejaste

Pero mis sueños son tu centro
están siempre a ti siempre ceñidos
como el primer punto de mi vida
dulce y enorme en el reino de mis sueños.

Esta fuerza terrible que me dejaste
te acecha
cualquier signo tuyo es mi alimento
sin medida en tus ojos vivo
gran poder me tienes en espera

Tu huida te dejó preso en el laberinto de ella
de mis paredes testimonio
aquí en mi cuarto tus visitas quedan
rosas noches promesas.

A la vista de la mañana tú miras al mar-espera
llega la curva del agua
alta contra la pared del sol
el silencio es un foso
abierto en mi pecho como un gran agujero haciéndose

Mis entrañas sin salida viene de tu perdida
mi tortura insaciable en las puertas de fuego allí medita
tu partida hacia ella, hoy vuelves

Tuve párpados abiertos sobre la mirada
engarzados en sueños
de tu retorno vivo
en reiterada espera.

Empuña la palabra
y el mensajero le dice:

se ha acabado el hilo del tiempo,
ella quiere el fin de tu espera,
de seda ha hecho el camino,
la vuelta será breve

soy el mensajero
por mi boca la boca de ella habla,
no te confundas, prisionero

por mí te golpeaba
por tu aspecto derribado
el amor de ella no te mereces

no sé qué ve su corazón en ti,
¡mujeres! si fuera yo ella
no podría monstruo amarte

no sé nada de ti
pero no brillas,
solo veo a un hombre,
¿acaso tu horrible apariencia me engaña?

yo por mí vendría a matarte,
no escucharía tu causa,
yo como hombre no soy de palabra,
esas que corazones rompen

pero tu mirada desafiante
pone brava mi espada,
no sigas, condenado, con esos ojos,
que un instante te doy por muerto
y muerto yo para ella

su belleza me frena,
me abrió de su cuerpo la puerta
al acercarse y ahora dudo de cumplir la promesa

dame motivos y la olvido

dime su nombre y te perdono,
cuéntame de ella y de vuestra causa
y tal vez olvido,
habla ahora de frente

dame razones para no ser yo el que vivo vuelva,
tú sin actos ni nombre aún para mí no eres nada,
habla si la amas y quieres salvarte

¿oyes como su respirar de ella suena lejos?
aunque no comprendo te ama y espera,
defiéndete y habla, mudo insensato

¿es tu amor un mundo de espejos o nube?
¿miras a través de la fábula?
¿o ella contiene un mundo que no conozco?

de muy lejos vine para traerte su mensaje
y ahora quiero tu respuesta,
habla, o ella será solo un recuerdo.

Ella le dice:

¿no ves que soy yo?
levanta esos ojos míos y mira

me reconoces en el fondo de ti
como yo en mí te reconozco

¿no ves el parecido?

a través de ti veo
y aquí vi la penumbra

no es con los ojos que vimos esta oscuridad
donde has vivido,
entré contigo
justamente a ti destinada

nos golpeó la sombra
y el tiempo,
nos hizo juntos silencio,
cercanos y juntos aunque cuerpos alejados

el rumor ni tú lo sabíais,
fui yo quien te alimentó en sueños,
iguales a los míos,
era yo el diálogo del puerto,
tu consuelo de viaje

algún día estuve a punto de decírtelo
desesperados,
pero la duda me golpeaba,
no hay viaje sin ida y retorno,
era necesario,
callar dentro de ti

fui el hilo que mantuvo tu cuerpo en vida,
tu nombre mi nombre,

Y él le dice:

dices hilo y huelo a salida.

Ellla le dice:

no habrá salida antes de las palabras.

él: sácame.

ella: háblame.

él: solo puedo hablar por tu boca.

ella: háblame con tu boca calcinada.

él: hablar me quema.

ella: arde si quieres vivir.

yo apagaré tu fuego cuando ardas,
algo se quemará en la salida,
tienes costra de sombra

él: ¿cómo me quito el encierro?

ella: habla.

las palabras son agua.

abre el sol,
y los ojos y la boca

él: ¿podré salir?

ella: saldremos dentro-juntos.

veo el tiempo plegarse y te extraño,
veo el estrecho encierro
y sinuosa la salida

él: ¡agua!

ella: soy el mar.

única.

él: llévame de la mano.

ella: nos llevaremos dentro.

mis entrañas serán riego.

él: cantas como un arrollo.

ella: algo morirá aquí.

él: no quiero morir sin ti.

ella: algo morirá nuestro.

él: si pudiera saldría de mi cuerpo.

ella: de mi cuerpo no puedes salir.

te mezclo con mis dedos.

él: se me remueve en ti el cuerpo.

ella: soy yo quien lo siento.

él: veo de ti ...

ella: aún no verás hasta la salida.

él: ¿tuyo es este aire?

ella: tuyo.

ven, hoja seca y florece.
¿notas por dentro estas curvas,
mis meandros?
desde ahora te parecerá horrible morir.
Créeme, aquí dentro duele.
tendrás que curarme las heridas,
algún interior roto,
sanarlas desde dentro,
con tus dedos,
y así hacer de herida marca,
hasta que desde dentro de mi cuerpo
encuentres las puertas.

Carlos del Puente