jueves, 13 de noviembre de 2014

Creaste el otro hemisferio de la clemencia, la otra divina esquina, la última luz del día


Demostraste, hasta al venir al mundo, clemencia admirable con éste otro que de ti hace cuento, teoría o poema. Creaste el otro hemisferio de la clemencia, la otra divina esquina, la última luz del día. Y vino el mundo con su misterio como la red de un libro abierto a darme al nacer aliento. Y vino alumbrado, a alegrarse, tanto se complacía en su estado. Vino el cambio que nace, el misterio, el cielo y su herencia, la verdad de la llave. Mas esto hoy me complacía, a sol dado, a natura, a alegría. La llamada de un suspiro se escribe en el rumor del amor dado. Se escribe como nombre en tu pecho, como algo dulce e inmediato.

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