miércoles, 12 de noviembre de 2014

Estoy sentado sobre esta puerta del muro del horizonte


Este corazón siempre abierto como una puerta a donde se llama con los ojos y llanto del terror que le causas. Se abren paso tus ojos en el umbral de la casa. Casa, puerta, llanto, vienes, al parecer, armada. Hiriéndome con tu boca infinita, con el arco de tus labios, con la curva de este hemisferio, y yo parado delante del muro del horizonte por donde te has ido. Que sufra yo admirable, no tiene gracia. Aquí sentado sobre este muro voy a esperar tu regreso. Porque me ha demostrado el tiempo que quien por aquí se escapa, por aquí vuelve: como si cuando en el horizonte uno abre una puerta esa puerta es única y nuestra; por ella se sale, por ella se entra; aún siendo uno extraño a este propio fenómeno.

.                                                                   ****