viernes, 21 de noviembre de 2014

Débil fue la sombra de nuestro abrazo


El y otra mujer te espera en la esquina que no habéis visto al torcer la calle. Débil fue la sombra de nuestro abrazo; débil y desdeñada. Con sentido habéis querido darle sentido a todo; mas no era mío: era el de antes. Si me ayudáis a ser infeliz os lo agradezco; pues tanta dicha es insoportable. Mas si me ayudáis en este exilio, y acudís a mí llorosa, seguiré el curso natural de mis sentimientos aunque fuera mi culpa grande. Ya sabes, dulce amor, que no sabría acudir si no es desdichado. Que no es culpa mía si por vos amo en exceso. Para todo animal, así como para el animal humano, en esta tierra anida y descansa el amor que comienza en la sombra. Mientras tanto enciende la casa, no vayan a entrar las fieras y esto más que vivienda, parezca un establo.

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