miércoles, 10 de abril de 2013

Era pues este señor con sombrero y con abrigo






barba del mar
¡silencio, se flota!
un equipo del dolor, pirata
a cuarto palabras, cerca de Lisboa
se paseaba en un tranvía
ese señor que aquí me trajo
yo, vago, me quedé en su oficina
viendo como sufría
como un día me lloraba y escribía mirando por la ventana
seguí por las calles el vuelo de su silencio
él en cada esquina dejaba uno de sus personajes
escribiendo poemas
por la noche volvía y los recogía
satisfecho en su estrecha habitación se desnudaba
se tumbaba y de insomnio no dormía
pegaba sus ojos al revés en el techo
para verse cada noche en aquel estado
luego cuando gastaba la tinta amanecía
volvía a la oficina dejando en cada esquina su persona
hacía números como cosas para no mezclarlos con las palabras
un día contrajo la enfermedad del nido
que ningún médico conocía
entonces como remedio le dijeron:
usted escriba poesía
él pensó: no la escribo yo, son ellos
ellos, gracias a Dios, no se contagiaron
y él pudo salvarlos del trabajo
brillante historia la del nido
del miedo del contrato de la calle con esquinas
Era pues este señor, con sombrero y con abrigo,
quien buscaba en el amor la cuestión del presente
él me llevó algún día a ver el mar Atlántico
ponía cara de nieve
o lo que es lo mismo, mala cara.
"presagio, amigo, presagio", me decía
pensando que yo lo entendía
no entendí ni un diente
pero ¡qué gran hombre!
un poco callado, pero qué gran hombre
cuando me hablaba parecía un rumor
o un murmullo solitario
como el ronroneo de un cocodrilo primitivo
otras sales: porque eso sí; sal callada tenía
este hombre oscuro deshilachado
tenía menos manos que venas
gordas arterias como trabucos
manos del rumor, dedos de esclavo
pobre hombre amordazado
de miedo inflado

En mi corazón le tengo como a un padre
a él que nunca tuvo hijos
él no creía pero me hizo creer en el futuro
a él le tengo como casa
a su imaginación fuerte
pues padecía en extremo
negra amapola fuerte
alhaja.

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