miércoles, 3 de abril de 2013

En el sexo transfigurados



Mantenía mis bellas manos muertas vivas
en su conjunto con las tuyas perfecto
no como extrañas y sí como frescas
vagando iban ellas cuatro a través de las horas
perfectas como una dama en su perpetuo movimiento
a través del mundo de nuestros frágiles cuerpos
con errantes movimientos y gestos
inconscientes de conciencia despiertos de sentidos
sin memoria hambrientos de recuerdos sujetados
para el disfrute posterior a la ausencia de los cuerpos
misterioso deseo de mantener en las manos el placer perecedero
se deriva del mito de los cuerpos inciertos
la sagacidad de las manos se convierte en cómplice astucia
entre sonrisas de victoriosos amantes
repentinos orgasmos de cuerpos victoriosos
triunfan como niños sobre la imposibilidad del placer continuo
con los pies temblando las manos agarradas
avanzan curiosas en lo ya conocido
como si de algo repentinamente nuevo se tratara
delirante placer que desprevenidos los coge
como príncipes del silencio entre roncos gemidos
baile de tumbados desde hace mucho tiempo
se acarícian frenéticos sin pausas para el respiro
sacian de baba sus cuerpos mojados
de muslos boca y senos
se huelen como dos desconocidos
llenando sus narices de ellos
en este baile de cabezas vueltas
muere el mundo tal y como lo hicieron
caen los soles uno tras otro
en un continuo tiempo
de gargantas nunca secas de labios hinchados
se hicieron lenguas entrelazadas
para esta orgia de silencios
abren las puertas al infinito
de la voracidad de bocas gigantes
nunca hicieron más grande la belleza
como un milagro se descubren los ojos
con unas sonrisas en ellos puesta
son una flor son un tallo
como si se tratara de ellos un bosque
nuevo nacido en primavera
estaban locos de satisfacción y silencio
colgados de leves bocados
viendo nacer el mundo joven
entre sus manos de nuevo nuevas
entre sus rostros transformados no cabía un ruido
solo oían el líquido chapoteo
quemando sus cuerpos
en una lenta deriva
de murmullos y contracciones
se cierra el mundo más allá de la Tierra
centellea a veces la tristeza de la corta duración
totalmente obedientes y arrullados
en la dulzura del vello
parecen dos místicos sacrificados
inocentes de pecados ardientes de milagros
ven la luz en sus cuerpos fogonazos en el fondo de sus ojos
como dos criaturas sin idiomas
indolentes a la pereza
fugitivos de este mundo
criaturas del milagro
de inocencias afectados en la timidez del mundo

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