miércoles, 8 de mayo de 2013

Tus piernas bajo tu vestido parecían una playa




sonreír es fácil mientras las luces resplandecen,
también es fácil amar y estar, sin embargo, triste,
es fácil emborracharse de amor, de su futura gloria,
de tu desnudez con mi cuerpo desnudo, en ese resplandor de nuestra fiesta,
y me encontré solo y desnudo con tu cuerpo,
sola y desnuda con el mío, y llegó la inspiración que sentía cuando te pensaba
y te quería como poesía como un cruel poema lento en la agonía,
me abriste las venas en una bañera de rosado mármol,
en aquel hotel de playa de baños calientes para corazones
tuberculosos y románticos,
de baño en baño y de paseos por la playa,
agonía del mundo fuera de nuestros brazos,
nuestros sollozos comenzaban en nuestro corazón
como esa vieja canción vecina que aún suena después de tantos años en aquella ventana,
es a través del recuerdo que te creo, diluida y de peso,
como era costumbre en nuestra sensación constante
caíamos en el desorden del universo, más allá de lo escrito y permitido,
entre tus medias blancas y tus piernas bajo tu vestido parecían una playa,
yo en ti inscrito me limitaba a leerte de memoria,
arrastrado por tu cuerpo, en tu cercanía, olor y visión,
ahora sonrío feliz recordándote,
encantado de tu brillo, despojada sobre la arena,
por ti moría, me devorabas el dolor de la existencia,
¡cuántas horas pasé en ti mi vida! y siempre
tú allí esperándome en tu orilla,
de pies a cabeza vestida esperando que te desnudase,
eras noche blanqueada, puros reflejos de ese mar vecino,
¡cuántas noches nos esperaban impacientes!
verano de campo mirando nubes y sus curvas,
¡qué distancia ahora se despliega! ¡qué distancia!
trigos curvados ahora escucho bosque
y como en sueño suspiro, oh! mi flujo de agua masiva
mi árbol-cascada inclinada de tu cabello,
nos iluminaba algo de Luna desde el fondo,
contemplados por el aire, vibraba como en éxtasis
luz brillante luz blanca,
eres un árbol en mi recuerdo, corríamos como arena,
flujo de viento entre nuestros dedos, alga marina fresca,
yo aspiraba tu olor salado, infinita alma,
y allí tumbados el horizonte sobre nuestros cuerpos plegándose nos arropaba,
eras señal de las tormentas, nacían allí llenas
de agua y arrebato, arrebatados huracanes,
caballos sudorosos dentro corrían alegres-furiosos,
velocidad respiraban pisoteando el polvo hasta detener la tierra,
todo quedaba después en un silencio de humo
como un campo germinante

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