domingo, 6 de octubre de 2013

Vienes roto de sus manos

 
Estás, corazón, loco.
Ese es tu estado.
Más un cero a cien grados.
Así de pronto del uno al otro
con esos saltos de temperatura me enfrías me quemas
diez veces en cada plazo.
Te juro.
sufrido como una plaga.
Te río.
Y lloro.

¡Ay, corazón que se me cae de las manos!
Pesar en cualquier momento
sitio y reclamo.
Vienes roto de sus manos.
Me arrastra, me engulle todas las esperanzas.
Y por él, por ti encadenado.
En esta dulce condena que no muera.
Con la bala encendida.
Con el cañón de tu boca apuntando.
¡Ay! Sí, así.
Que no pase.
Que lo tengo cuarteado y duele.
Pero solo quiere verte.
Cada mañana le pongo un traje nuevo.
Y sale en tu busca, reluciente.
Y si contigo hubiera de morir roto, sea.
Que ya lo tengo bien enseñado.
¡Ay, corazón que vive a golpe!
De amor de dolor resquebrajado
Y nada y nada en sensato lo convierte.
Ni en lugar vacío ni solitario.
Así, pues, en ti pienso.
Poseso de tu pecho.
Fragmento.
Y aunque mil veces se rompiera
no importa : mi corazón no es un espejo.
Y ahora, y ahora, como siempre en ti pienso.
Y tu rostro me muestras
menudo y delicado.

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