martes, 29 de octubre de 2013

Tú, mi amante, más allá de todos los infiernos marchitos, más allá de los gritos



Cuando?
serán tus manos
como dos permanencias,
tan débiles e inquietantes,
de nadie manos,
a mí entregadas.
A nosotros seguidas,
en un coma permanente de vida,
rígidas a las horas,
cerradas a todas las fuentes exteriores,
y después, todas nuestras.
En espera de vida
dentro de las puertas.
Cortar todas las llamadas.
Huír de este mundo
en nuestra demencia desesperada.
Tú, mi amante,
más allá de todos los infiernos marchitos,
más allá de los gritos
desesperados de los que no aman.
Cuando, el dolor emana
con un centímetro de la ausencia
con una palabra no dicha
me haces sufrir con su significado.
Cuando miras por la ventana
y yo no estoy del otro lado;
y veo tus pensamientos por la espalda,
y tu pelo me dice que tal vez en otro pienses.
Por los hombros te recojo
con un beso en la nuca.
Alimento tu cabello con el fruto de mis labios.
Y tú te vuelves y sonríes a mis dudas florecientes.
Recoges mis manos sobre tu vientre,
las tuyas sobre las mías,
sus palmas ardientes
me dicen te amo.
El dolor se cae al suelo por mis rodillas;
y te beso te beso el pelo
oliendo tu cráneo de orilla en orilla.

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