miércoles, 30 de octubre de 2013

Airi


He salido a la calle, Airi.
Es como un puente curvo,
rojo de madera.
El suelo está blando.
Hay palomas.
Airi, pienso en ti.
Estás en tu casa.
Tengo que decirte algo.
Mañana me voy.
¿Pero volverás?
Sabes que volveré.
¿Y si no vuelves?
Sabes que volveré.
[Se produce en ella un silencio.
Mira el rojo puente.
Sobresalen rosados almendros, frágiles.
El agua baja fría del cercano monte.
Es espesa y densa.]
Hazumo, pero te vas.
El viaje estaba previsto antes de conocerte.
[Su silencio le pareció duro.]
Iba a estudiar.
Quiero que estudies. [Después de un silencio.]
Quiero que veas; pero te vas. [Y ella miró hacia un lado en el espacio.]
Veré todo para ti. Y te lo iré contando. [Un nudo se hizo en estas palabras.]
[Ella pensó en un beso. Pero se retuvo.
Acercó su mano. Rozó la suya. Lo miró brillante. Y una leve sonrisa hizo gesto.]
Sabes que te amo.
Sé que me amas. Pero ...
[Hazumo cogió su mano. Se la llevó a los labios. Sonrió con pena.
Pasan unas alas. Es un insecto. No sabe su nombre. El puente cruje.]
Serán largos los años.
Sí.
Te hablaré todo el tiempo.
Yo te hablaré todas las noches.
[Él pensó en esas noches. Un cable eléctrico recorrió su cuerpo.]
[Ella estaba roja sobre un fondo pálido.]
Airi.
Hazumo.
¿Qué?
Nada. [Sonrió triste; con tristeza.]
[Sus pasos dudaban.]
[Ella rozó las yemas de sus manos. Lo tocaba antes del recuerdo.]
El Destino nos ha jugado una mala pasada. [Airi dijo esto, amarga.]
El Destino ha hecho que te encuentre.
Sí... pero en mal momento.
[El Tiempo no quiso saber nada de ellos.]
Hazumo, te amo.
Airi, mi vida.
[Una sonrisa en sus labios rojos.]
[Una niña pasaba. La miró a ella. Prolongó su sonrisa.]
Airi. Dime ¿Qué piensas?
Nada.
Sí, piensas.
Nada.


[El día 30 de un frío octubre 2013, año de las tormentas. Son las seis de la mañana.]

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