lunes, 14 de octubre de 2013

En el mar negro de tu cuerpo


Solos solos con alegría
a la orilla de nuestros cuerpos
yo te adoraba.

Dos tímidos cauces
se abrazaban.

En el mar negro de tu cuerpo
con tus olas me rodeabas.

Cuando la luz nace
cuando el cielo clama
danzando loco
hasta la mañana.

Dos bocas solas
hacían nudos
se abrazaban.

Cerca de allí había un campo
grande como un mundo
que nocturno crece.

¡Y qué hambre!
¡Y qué tierna!
estaban tus piernas.

Palabras enredadas
como dos parras
de tirabuzones verdes
y de uvas plenas.

Se miraban, se miraban
con ojos hambrientos
cada mañana.

Solos solos, de pronto, solos,
el deseo nos rodeaba.

Calor desesperado
como una flora
que crece y crece.

A la orilla de tu cuerpo
el mundo se nos apetece.

Confundidos
como dos islas
en la marisma.

Ella temblaba.
Yo temblaba.
Casi lloro.
Ahora recordaba.

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