martes, 30 de julio de 2013

Incubaba la eclosión de exterior


hoy, los días estaban enfermos,
como una enfermedad estacionaria,
un baile de microbios, con orquesta
de fiebre casino plaza pública,
ella recordaba otras veces,
preponderantes estados parecidos,
como playas enfermas, sin ruidos,
se remontaban a la infancia y más tarde,
incubaba la eclosión de exterior, todo se concentraba
dentro, un interior retenido sin apenas exteriorizarse,
un gran afecto sin palabras, retenido en la yema de su cuerpo,
que amenazaba con salir siempre,
grande y explosivo, como la eclosión de un gran perfume,
rodeada por la cama, fiebre,
sus padres al fondo hablando,
la cama chillando, gatos negros sobre el tejado,
y después llegaba la enfermedad y la mañana, fiebre,
sudor y manta, agua chocando contra la sequedad de la lengua,
colegio lejano, niños que salían con un adiós,
se esperaba un día largo, de ensueños despiertos,
mientras su madre compraba-iba al médico
entraba el calor por la ventana casi cerrada,
no estaba ahí, en el aburrimiento de la almohada,
estaba ausente, pensando, faltaba algo,
impresiones de sosiego, las manos entumecidas,
tranquila y fastidiada, sopor aburrido-lento,
se le mezclaba la memoria de cosas concretas,
venían recuerdos muy nítidos de palabras,
pero parecía olvidar, se perdían en los labios hinchados,
por momentos dulzor de bebé,
se hundía en la indiferencia, nunca le pareció tan grande,
su pelo mojado le llegaba hasta la boca,
se escurría el sudor por su cuerpo hasta la cama,
las manos de cera, los pies de piedra,

[ Sigue en el siguiente. ]

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