domingo, 1 de marzo de 2015

Invisibles prodigios cabalgan en tus ojos


Invisibles los prodigios cabalgan en tus ojos. Llaman a todas las puertas, que les abran gritan, y si no en el umbral se sientan. Se sientan mirando al jardín, los sueños evaporados de la cabeza. Llaman con los codos, patalean, suspiran y gritan: «Abran, abran. Soy yo.» No me reconocen. Esperan a que el perro salga y se van con él a hacer el recorrido de los árboles. Huele la madera húmeda a marca. Hecho el círculo, retornan a la puerta. «Abran, abran. Soy yo. ¿Aún duermen?» Recorren las ventanas cerradas, miran y piensan: «Están encerrados en sus sueños.»

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