miércoles, 18 de marzo de 2015

Allí está el cielo calcinado con las tres manos juntas


En el mar de mi casa no escribiré nada; allí todas las palabras son follaje; allí todos los árboles son subterráneos; allí no escribiré nada que no sea tu nombre. (...) Allí me equivoco como se equivoca la distancia; allí soy el hijo culpable... la futura muerte, la muerte inocente, la del olvido y la demencia, la de la urgencia. Allí está el cielo calcinado con las tres manos juntas. Miro y lo reconozco como aquel que fue un día... como aquel del comienzo... oído y palabra, piel del agua, patria del mundo. Ella llora su partida con lágrimas congeladas. Ella lo llama «por los días eternos», prepara caminos para su retorno, a la nueva vida llama. Sonríe frente a todas las mañanas nuevas. Sonríe por las palabras nuevas. Adopta la espera a la intemperie «de la fuerza».

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