miércoles, 25 de marzo de 2015

Gritan y hablan en la lengua anterior al Tiempo.


De la sonrisa hice una sombra; lo invadió todo. Tu sonrisa invadió al miedo, anuló mi ceguera, hizo canto y la vida que me pertenece. (...) Me ofreces la vida sin dolor... Me ofreces la trampa de tus brazos. Me ofreces el alimento «que devora». (...) La luz pasa hambre; de tus ojos, por ejemplo; pasa por el silencio, por el mundo donde te busco, por el fruto de la semilla. Y el mundo ahí no está solo; está abierto a los sentidos, a las emociones, a la deriva sin nombre... Ya sé quien soy con los pasos de tu sombra. Soy un lugar quebrado; y en ti noche. Soy una mano rota y necesaria; un grito que se niega, mil cosas troceadas ... y la existencia; ¡sí, la existencia! Somos múltiples que cambian; dentro cambian, ajenos unos a otros; ajenos a los nombres cuadrados. (Y la conciencia alternante fuera de juego; aunque ella ni se da cuenta.) No tiene nombre, ni rastro, ni duda; ni sabe. (...) Pero cerca de ti todas las sombras son gritos; gritos que nos rodean, amenazan, quieren ser nuestra sorpresa. Son gritos de la primera vez que hicimos el mundo, la rebelión de las sombras; las sombras del origen, las sombras primeras, eternas, anteriores a toda existencia. Gritan y con sus manos retuercen el espacio; lo comprimen para que no quepa nada. Clavamos nuestras uñas en la piel de las sombras; metemos los dedos, las abrimos, nos mojamos de su silencio. Entre nuestros dedos se escapan; huyen para tomar el mundo; lo llenan; se hacen fuertes, rebeldes; y gritan: «Aquí no crecerá nada; ni la luz ni la materia, ni el aire ni el agua.» Se agarran a los bordes; crean torbellinos de sombra; gritan y hablan en la lengua anterior al Tiempo.

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