domingo, 8 de marzo de 2015

Y miro el índice del tiempo


Me sonríes, me besas, me miras como una llama. ¿Me quieres? ¿Te quiero? ¿Te amo? ¿Será pasión esto? ... Me olvidas, te olvido. Me recuerdas, te recuerdo... duele. Duele como si te hubieses ido, como si yo no estuviera, como... cuando se cierra una puerta sobre los dedos. Te veo, me ves... y quédate. Quédate tú también, quédate. Un palacio es tu brazo, una embriaguez terrible. Mi cuello protesta por tu ausencia. Mis ojos giran como tus ojos. Se nos cae la ropa. Te extraño. Te extraño en esta herida que «hace tiempo»: oscuro, espeso. Tu pecho a veces cerrado y oculto, lejano y cerca, «me hizo confuso» al oírlo entreabierto, me hizo pozo abrazado al agua en la embriaguez de la tierra, de tu cabello «me hizo danza». (...) A veces se me rompe tu nombre. A veces, nada. A veces subterráneo en mi rostro. A veces no puedo imaginar tu rostro; otras, imagen fija, enigmática. Enigmática me miras como si te hubieses ido. A veces, desde tu imagen me hablas, tú, la desaparecida. Y miro la sombra de tu mano. Y miro el índice del tiempo. Y miro como el tiempo habla.

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