sábado, 21 de marzo de 2015

Se acumulan las horas como estacas en mi cuerpo


Era una tarde y tú no estabas. Estabas aquí describiéndote el rostro con las cuchillas de mi deseo. (...) En ningún momento estabas. En mi calle no había nadie, ni tú. No hubo nadie. No hubo nadie describiendo tu llegada. Y la calle sola sangrante. (...) Pesa tu rostro. Me corta el espejo. El dolor no falta. El dolor no falta a la cita adonde no has llegado. Se me rompe el dolor. Me pesa el rostro. Tengo la noche pegada; la cara pegajosa. De pie parado a dos metros de la ventana, inmóvil. Soy todo ruido en calma. Están rígidas las horas; se acumulan como estacas en mi cuerpo. Soy un coma indefinido y cerrado, sin lengua.

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