domingo, 13 de enero de 2013

Tuve un sueño recordado parecido al Nirvana


Se me consumen los gestos
y no son despojos de la vida
son cuentas hechas al querer
esos ojos multiplicados por efecto de la cosa.

Ya vieron: esto es un incendio.
Me comerá con cuidado el aire
en un inventario concebido por el domingo.
Se eliminan las puertas de Oriente
dejando campos abiertos
un correr de ríos y desiertos
una casa, primero; después valles,
un farolillo de papel y un mar inmenso.

Me pierdo, ando, entre mil millones.
Desconocido, extrañado,
Visto, desubicado.
Andan mis ojos redondos
entre millones rajados.
Soy la extrañeza en sus frentes
Espíritu de sus templos perdidos
Tigre de sus selvas desconocidas.

Pido arroz y jaula
un mono sabio
un elefante indio aburrido
un niño inocente que me entienda
una puerta de fe
una limosna
miradas compasivas
y mucha soledad y silencio.

Me come el polvo
rojo de otra parte
me quita la memoria
callado éxtasis.
Se gastó el tiempo.
Sobre este escalón
sentado sobre mis piernas
no se habla nada
ni se pide ni se llora.
Tuve un sueño recordado
parecido al Nirvana.