viernes, 25 de enero de 2013

Dame tu presencia como se la doy yo al ciego


¡Oh amada mía! Cuanto brote tengo
de tu amor en el pecho.
Sangre tengo derramada
a través de las palabras
que estas bien no hacen verso
aunque para ti las tengo entregadas.

Vives en mí poseso
de amor; en ti vivo y muero;
mas este es insuficiente,
incomparablemente pequeño
al lado de lo que mi corazón siente.

¿Y si este mi amor me engaña
con esta prueba sublime?
¿Y no ardo sino con hielo quemo?
¿Y si duermo y sueño que de amor te amo me amas?
Pues no tengo prueba de ello.

Dame pues tu mano
con corazón encogido dentro.
Dame tu presencia como se la doy yo al ciego.
Borra en mí la duda
que bajo mi piel tiembla