sábado, 9 de noviembre de 2013

La Voz tembló sin preguntas


La deportación a los campos de Babilonia de todas las generaciones.
Antes de la vida de los cuerpos surgió la fecundación.
Para acoplarse con el oráculo se hizo carne.
Y quedó en la tierra de su cuerpo hasta que se hizo la muerte.
Y se llamó a sí mismo "Yo soy el Nombrado".
No hubo consolación ante el dolor del genocidio mientras duró la voz de la envidia.
Mientras duró la hecatombe los campos se llenaron de cadáveres.
Las cunas vacías repletas de plegarias.
Una voz asesina recorría las casas.
Entre los gritos de sus madres no se oía la sangre.
Las puertas fueron marcadas con las marcas de la muerte.
Lucía sobre la madera el asesinato ejecutado.
La Voz tembló sin preguntas.
Por uno todos murieron.

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