lunes, 4 de noviembre de 2013

Esperanza de rostro ajeno


Esperanza de rostro ajeno.
Dolor del espejo.
Es la calle.
Existe la calle como un camino parado
por los muros de las casas.
Existen los árboles vigilantes;
las aceras llenas de pasos.
Todos los pasos de las huidas.
No se enteran que no hay calles;
que las robó la noche para alcanzar la mañana
mientras todos los lechos sueñan.
Me expulsó de la cama una angustia de abandono y partida,
de un derrumbe de los muros,
una noche sin pájaros hecha de tu ausencia.
Me expuso un mundo sin barreras.
Una lámpara sin freno
cuya llama quema.
Tu frente. Humedecida por el pánico
realiza sus deseos sin freno
como pedazos de la vida desencorsetada.
Tu palacio de vidrio nunca se rompe,
refleja el mundo lo absorbe,
se realiza en la curva de las cosas.
Son pedazos caníbales, absorbentes.
Y a partir de ahora ninguna morada pondrá freno a nada.

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