jueves, 22 de agosto de 2013

Tuvo una idea del mundo como una península en medio de la nada.


Sin encontrarlo, sin buscarlo, único como una nave,
en su ímpetu de búsqueda se encontró el mar donde nunca estaba.
Hallazgo, solo, convencido. Engendro. Insalvable.
Fueron cuatro días de sueños. De esos sin distancia, de cenizas.
Tuvo una idea del mundo, como una península en medio de la nada.
Con trazos de olvido. Y dificultad.
Trazó una expedición absoluta. Donde faltaba la rabia.
Para sí mismo fue un castigo. Concebido solo para la tortura.
Sin salida secreta. Donde no se busca.
Es un laberinto de recorrido. Rumiado.
Sin beneficio. Si te han dicho que vas a morir, eso.
Una ruta regular entre las palabras. Única.
Por su propia fuerza impuesta.
Insalvable mata-horas. Hasta
hundirse en la mar de palabras.
Hice kilómetros sin nada en los sueños.
Tampoco esperanza. Tan poca.
Peninsular. En un sucio cielo.
Trazo; de sí mismo. Exagerado; como mala costumbre.
Absoluto y falto. Nunca aquí. Podrida vida rumiada.
Propiciada vida rumiada. Esto es una aldea secreta.
Donde empiezan las mujeres. Allí, al borde, empieza.
Estoy sin pasos de entrada. Se lamenta de sus beneficios.
Es un lugar. Solo eso.
Y yo aquí tinta. No tiene virtud enredarse.
No hay pretextos. Lo sé. Y todo evasiva.
Ilusoria atención prestada. ¿Y mañana?
Mañana ¿qué? Mañana un lugar.
Mañana es un lugar donde nadie llega.
Un lugar implacable. Donde todo empieza para nadie.
Predispuesta, seductora. Mañana mentirosa.
Nunca allí me traslado sino me empuja y lleva.
Traidora. Sonriente trampa. Evasiva siempre.
Enseña la sonrisa de los dientes. Falso momento-engaño.
Rota certeza. Original promesa.
Y yo siempre dispuesto a pesar del engaño me lamentaba.
Como un plan me lamento. Y me entras tú me colocas encima las horas.
Aborrecidas.

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