viernes, 23 de agosto de 2013

Naufragios escapados en gran número hacia la nada


En este enorme mundo, en esta calle remota,
en este río reciente, en esta casa arrastrada te presentas.
Y aún pienso en ti.
Exploró del fondo lo único que quedaba.
Encontraste ese lugar donde se hace el tiempo.
Se ultimó un tiempo partido y extremo muy cerca de la sombra.
Se concibió el llanto bajo una lupa; enterrado entre otras cosas.
Algunos riesgos tuvieron efectos; a esa hora: las tres menos cuarto.
Tuvo un arma asombrada; y algún testigo.
Un dibujo extraviado; un perecer desmesurado.
A pesar de eso, el fin duró varios años.
Y un buen día se interrumpió para siempre
del otro lado de las cosas. Fue entonces cuando
el mundo se volvió invisible impregnado de inexistencia.
La curiosidad desapareció de los niños; y
todo rastro de los inventos.
A sus juegos renunciaron las casualidades.
Olfateó el salto del rumor como un juego de saltimbanqui.
Le atravesó la garganta con el caballo de dientes.
Ciego como los huesos no tradujo el miedo.
Tuvo la aventura de los embudos en un viaje solitario.
Se llevaba los hombros consigo para sostener el cielo.
Se desfiguró el rostro con la lástima.
Resistió la travesía del tiempo y desde la cumbre del mundo hizo un hechizo.
Naufragios escapados en gran número hacia la nada
trataron de separar la novedad con un poco de escarnio.
El porvenir pensaba de una forma desproporcionada.
Y en esa noche de vigilia y espanto, la resonancia del mundo.

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