jueves, 22 de agosto de 2013

Todavía no recuerdo haber muerto


Anticipo tiempos. Designios. Malhumorados.
Empezaban. Como fuerzas. Masas.
Hasta se sintió la luz comentando. "Al fondo. Allí, al fondo."
Colocaba las piezas como una vida. Sin terminar.
Allí, como iniciales. Anticipo.
Me hace un reproche la vida de no haber vivido. Lo niego.
¡Qué sabrá ella! ¡Qué sabrá de mí ella!
Ciega vida que solo lee los periódicos. Sabionda."Monóloga".
De mí ni te ocupes. Soy puerta. Y a ti las puertas ni te interesan.
No es cierta amargura. Porque sonrío de su diálogo;
de su monólogo con ella misma.
Todavía no recuerdo haber muerto.
No recuerdo haber estado bajo tierra; aunque a veces dudo.
¡Es tan suave la ausencia! Es tan suave
que a veces dudo de haber estado.
Tú eres la sola certeza de haber vivido. Sí, tú.
Sin ti hubiera pasado por esta vida dudoso de ella.
Líquido, sin dolor.
Casi sin dolor. Con un cierto malestar del cuerpo. Y algún miedo.
Sino. Sin ti no me sabría.
En mi íntimo monólogo todo empezó cuando dijiste:
"te amo". Ahí sentí mi cuerpo. A punto estaba de irse.
Lo retuviste. "No te vayas." Sonó como una promesa.
Nunca me había dicho nadie "no te vayas".

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