miércoles, 27 de febrero de 2013

En ti


Una luna azul con pétalos redondos dentro
ocupa la noche prehistórica
de tus ojos.

En esa sombra germen del cuerpo
Estoy en tu templo como un rito
sin límite

En ti alcanzo mi fin
Y no me preguntes;
en ti alcanzo la divinidad.
Te alcanzo ahora
para tenerte siempre.
Es en la vida de la carne
donde me limpio los pecados
con el jardín de tu piel.
Te busco, esclavo.
Mudo, esclavo.
Visible.
Divinidad encontrada.
Te llevaré conmigo.
Un día cuando muera.
Mi senda encontrada.
Te llevaré conmigo.
Un día cuando muera
en ese instante
no habrá despedida.
Te he encontrado
detrás de tus ojos
divinidad perpetua.
He encontrado en ti hierba.
Hierba y oído, mi afán.
Revelación del árbol primero, eterno.
Sufridor de lo atemporal.
Árbol ciego como un hombre
sin conocimiento.
Árbol eterno y primero.
Te he encontrado, en ti.
Te he encontrado, mi fruto primero,
en ti tu cuerpo.
Salgo bendito
de este hallazgo
de ti en ti.
Invisible carne
cuerpo belleza.
Invisible y presencia
te he encontrado
ahora y para siempre
en ti, dentro y fuera.
Te he encontrado, flor hierba.
En ti invisible, planta, cielo, árbol.
Mismos, uno y separados.
Mi criatura, una y separada.
En ti en mí.
Limitados e infinitos.
En ti, verso de carne,
tú, mi sabiduría.
Una, múltiple e ignorada.
En ti, vaso terrestre;
tú, mi humanidad.
Tú, mi amor,
en ti me encontré.
Tú, mi interior, mi exterior,
misterio, te pronuncio.
Tú, mi unidad oculta.
Tú, mis pies irrelevantes,
oculta y visible te amo.
Manifiesta, revelada,
carne y espíritu,
mi esencia.
Tú, dormida voz,
en mí
sosteniéndome.
Tú, esencia. Tú, amor.
En ti, por ti, en ti.

Sube un temblor por tu velo.
Baja una mirada por tus párpados.
Me despierto en ti y te sigo.
En tu río interior
ribera de primavera.
Tú, columpio suspendido entre dos mundos.
Tú y yo a dos manos
en eterna espera.
Tú, mi visión
tardía
en el ahora recobrada.
Te quedas en mí
aquí siempre.
Canta una nueva noche como un círculo de misterio.
En ti desaparece la misera:
sus tres formas arcaicas,
más todas las nuevas.
Tú, mi concepción.
Allí lates y surges como un espacio.
En ti, radiante y misteriosa, se concentra el mundo.
Allí se originó el nacimiento.
En ti, la vida.
En ti, el amor.
En ti, todo y toda.