miércoles, 6 de febrero de 2013

El sueño del príncipe mudo


Geltrudie cuando tenía cuatro años volvió a soñar, como ocurría cada noche desde siempre, el mismo bello sueño. La mujer de sus sueños quería complacerla dándole lo que ella le pedía despierta; a saber, un bello príncipe que la quisiera. Su hada le presentaba cada noche uno nuevo sin éxito; a todos les encontró un pequeño defecto. No voy a nombrar cuáles; pues son simplemente defectos humanos normales; pero para Geltrudie, por jovén e ingenua, le eran inadmisibles. Su exigencia era comprensible: aún no había conocido a ningún hombre.

Esa noche, la señora llegó con mala cara; raro en ella pues era muy bella y amable. Gertrudie le preguntó preocupada o más bien asustada:

-Quita esa cara triste que me asustas. ¿Por qué vienes así en medio de la noche? ¿No ves que estoy soñando con el príncipe que me traes? ¿O ha pasado algo malo? ¿Te ha asustado alguién cuando venías? ¿Fue un perro que te ha ladrado? No te preocupes: los perros de por aquí no son malos. Ladrán para dar los buenos días; y mueven el rabo. He oído a un gato sobre el tejado; es así que sabía que venías. Siempre pasa un gato por mi casa cuando vienes. Pero díme ¿qué principe has encontrado? Debe tener un defecto muy grande; tu rostro me lo dice. Habla, habla; no puedo esperar más. Tanta curiosidad va a despertarme. Dime.

-El príncipe que he encontrado es muy guapo e inteligente; ya te ama; pues lo veo locamente enamorado. Pero tiene un defecto y es el último.

-¿El último? ¿Y qué defecto tiene?

-Es mudo.

-¿Mudo? ¿Y qué defecto es ese? Nunca he visto a un príncipe mudo.

-Mudo es un príncipe que no ha aprendido a habla porque estaba soñando.

-¿Y con quién soñaba tanto para no haber aprendido una cosa tan fácil? Yo tengo cuatro años y ya he aprendido.

-Soñaba contigo desde el primer año; y no escuchó las palabras que flotaban; creyó que eran espuma.

-¿No será un príncipe tonto? ¡Porque qué cosas se le ocurren! ¿Entonces no sabe que las palabras hablan de mi amor?

-No, no lo sabe, -dijo la señora.

-¿Y cómo sabré yo que él me ama?

-Él te ama con locura; pero no podrá decírtelo.

-¿Tampoco comprenderá lo que yo le digo? -dijo Getrudie muy preocupada.

-Tampoco. Oirá tu voz de dulce niña; pero no entenderá lo que le dices.

El príncipe se quedó esperando en el sueño a que Gertrudie hablara.