sábado, 4 de abril de 2015

Tu cuerpo inmaduro yace sobre la tierra.



Ni el cielo, ni Dios, ni el agua sabe. Los tomamos buscando su esencia. Los atamos de pies y manos. Y se abren. Abren sus pétalos frágiles. Se nos rompen entre los dedos. Como niños nos extrañamos. ¿Pero dónde está lo duro y eterno? -Eres demasiado joven, hombre, para alcanzar estas cosas. Naciste anteayer. Aún no has abierto los ojos ni la boca. Tu cuerpo inmaduro yace sobre la tierra. No sabes qué se come, ni a qué sabe el primer alimento.

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