domingo, 5 de abril de 2015

En nombre de todos los hombres


Desde hace largo tiempo, tan largo como lo que se hace, tus ojos se pusieron sobre mis ojos. -No me mires dentro, te dije. -No te miro. Veo en ti nubes. -¿Nubes? -Sí, nubes. Nubes demasiado cercanas; nubes de aire y agua. Y nadie sabe... Nadie sabe qué frutos traen a la tierra, a la tierra de mis ojos, por ejemplo. Nadie sabe lo que siento cuando me miras. Lo que siento y no sé decirte. No sé que decirte cuando me hablas. Te veo como el fruto de la tierra, como el aire de toda alma. Te veo como «un abrirnos la noche», como un canto tomado con las manos. Y tengo que decirte, en nombre de los hombres, «te amo».

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