martes, 14 de abril de 2015

Duele quererte como un morir roto en este vacío solitario


Ya no lloras «falso». Ahora el corazón está a cero. Y así de pronto me adjudicas cada plazo de la vida. Te juro que tuve de ti plagas, plagas de frío. Se me caían las manos un viernes roto. Arrastrabas mi esperanza sobre la plaza pública. Me encadenabas; ¡dulce condena! Fuiste la bala encendida dentro de la carne. (...) En el cañón de tu boca sonaba el cuarteto de la vida. (...) Duele quererte como un morir roto en este vacío solitario. Así pues tengo los fragmentos de tu pecho. Y medio desnudo soy mandrágora.