jueves, 9 de abril de 2015

Y los almendros silenciosos me hacen daño



Y los almendros silenciosos me hacen daño. Porque los sueños duelen. Porque los pétalos son cuchillas. Porque tus manos desgarran el silencio. (...) Tienes blanca la mirada y los abrazos ligeros. Tienes los imposibles «rompe noches». Tienes los avaros árboles, los abrazos de humo, el temblor de tus ojos, los sitios de la noche; y la espera en mi cuerpo hecha agua. (...) Te obstinas; ya sé que te obstinas... para hacerme un sueño. (...) Ahora me confiesas desafiante: «Ya sé que te hice daño; y la próxima, y la otra, y esas que vengan con la desesperanza.»

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