lunes, 23 de febrero de 2015

Maldita soledad te llamas


Cuando acabe de escribirte se acabará el mundo. Por ahora, te hablo. Luego te hablo y te digo:

¿Cómo hacerte? Te hago la soledad, a veces. A veces cercana, perpleja a veces. Esa soledad propia de los amantes. Esa soledad auxilio: nuestra compañera. Te hago soledad de borde y tiniebla, imprevista. Nos viene por todos los lados, ancha compañera. Al borde de la tierra se redacta. Torpe es el miedo, compañera. El miedo oculto: nuestro resumen. La torpe inquietud asesina; rota a veces, torpe y breve. Testifico para ti sola esta vida llena de errores. Te tengo, soledad bastarda; cuando vas en aumento me pareces larga: larga como una condena que voy descubriendo. Arrogante te hace prisionera. La última te escucho, aunque estás en el fondo, en el fondo como una música interminable. Eres el nombre de las cosas y su ausencia. Te odio pero vas con ella, contigo. Ya sabes que te hablo y le hablo a ella; y le digo el dolor que me produces; y te digo lo que ella me hace cuando me acompaña. Me acompaña en tu ausencia, de ti me habla. Me dice: «No te quiere». Le digo: «Calla». Me dice: «Está con otro en otra calle». Y salgo como loco a buscarte. Y la encuentro a ella. Me invita a beber y se sienta sobre la barra del bar. Cruza sus piernas vacías, me mira como ausente, como si tú no existieras. Me pone su tacón en el pecho y me dice: «¿Duele?». -Duele más el dolor de tu presencia, le digo. Tú estás en su lugar; no te creas... Yo la amo a ella y es ella la que me ama. -Si te amase no estaría yo aquí. -Tú eres solo su ausencia. -Yo soy tu compañera.
-No, vete. -No puedo sin ti irme. -Vete, te digo, te lo pido. -Imposible. Me pides otra copa y me la pones en la boca. Sabe amargo el licor que me ofreces. Eres bella pero ausente. No tienes cama, ni calor en tu cuerpo. Maldita soledad te llamas.

.                                                                        ****