domingo, 15 de febrero de 2015

En este camino del ojo y viento


Con el amor en la lengua, a lágrimas, a charcos, a constancia: refugio de entrega. Un silencio franco, ¡eso!: jugando a «me quemas». Me quemas en buenas manos, en boca vuelta, los ojos desaparecidos y largos. Mi corazón sobre ti crecido, allí entre mis males: ausencia apasionada. Por tu juramento, por el tuyo, por el mío, por el nuestro, devuélveme ya usado a la angustia, a las mentiras, a la risa, a la tristeza. Por ese llorar que tuvimos falso, locos, «estados». Y a ti, de pronto, en el calor de los saltos, te juro como una plaga y lloro en tus manos a cualquier precio, en cada momento como un reclamo. En esta llama dulce me arrastras como una bala encendida en el aire, con el cañón de tu boca apuntándome. [Que pase este cuarteto, me digo.] Y duele como un traje nuevo. Y sale como un morir roto de este corazón de golpes. Me conviertes en un lugar vacío, en un pienso solitario: un lugar roto en el pecho, mil veces un fragmento. Un corazón, un espejo. Y tu rostro me viene a menudo en este camino ciego, en este camino del ojo y viento, me empujas como la noche.

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