miércoles, 18 de febrero de 2015

El gato mensajero de la muerte


Por numerosas manos secas, como lechos ausentes, pasamos amarrados, a media vuelta. Me tomas. Me apagas. Ya no veo en tus ojos el vuelo del cielo vulnerado. Ya no veo el aire, tu escondite. Ya son los bosques una herida. Por esos labios ocultos, verdes salvajes, sitios de la palabra loca. En tu cuerpo profundo fui ventura, espera y carrera, pasos. Te quiero, ya lo sabes, adormecido y pedazo; pellizco del amor muerto. Te quiero, tuve que decirte, para poner fronteras. En esta pausa escondido, sombra y fiera, cómplice de la huida, espesura de la planta. Te quiero, te quise, y dime, tú lejos como el prado del cuerpo mientras el tiempo espera a dos pasos del infinito. Te quiero desde hace un rato, según parece, en este rostro derramado, en esta piel vestida, ... Envíame un gato mensajero, un largo felino que ocupa el espacio del tiempo, sus pasillos sin ecos, almidonados de sombras. Pasa grande sobre las paredes. Me mira. Leo sus ojos verdes. Lo sigo, se retuerce. No hace gestos ni movimientos indebidos. Pelo espeso negro. Cola larga. Me lleva por altos pasillos, tan altos como la muerte.

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