jueves, 18 de junio de 2015

Y te amaré como aquel día de tormenta



Y te amaré como aquel día de tormenta; ¿Recuerdas? Estábamos boca arriba en silencio, en una calle sola. Nos prometíamos un siempre y otras promesas. ¿Recuerdas el dolor de nuestras palabras cuando el dolor cruje y amenaza la quiebra? Olvídate, te dije; ese tiempo no existe, eso es solo ruido de aquella fuente. Sí, de esa fuente que llora al agua; teme del manantial la muerte. Olvídate de ese ruido y me besas, y me curas las úlceras del ruido. Mira como el pájaro escribe el futuro sobre el nido. Mira la imagen del río que nunca se seca. Mira el vuelo de los pájaros infinitos, y el rincón de mis labios. Dame tus pasiones despiertas, el sabor de tu cabello, la yema de tus dedos, tu mirada. Somos dos racimos de uvas morenas muy cerca. Somos el indomable horizonte. Somos el futuro que nos reconoce. Ya no es la hora de lo que se derrumba. Ni siquiera el mundo acaba. Ni las horas crecen. Dame tu tiempo infinito en el que plantaremos el árbol de la vida.