viernes, 19 de junio de 2015

Y cada abrazo me desnudaba en la desnudez del pájaro.


Ya es la hora de unas ramas del tiempo. Y aquí, con los pies desnudos, flota la carne sobre el líquido espacio. Son hojas nuestros brazos. Son la palabras del azar y del destino. Son tributos al Dios desconocido. La divinidad me empuja con sus secretos, me llena con las olas de sus libros, hace de letras estaciones. Me marea con sueños... y así pasan las noches. (...) No contaba con tu presencia, en este tiempo del tiempo. Y allí espera un campo de palabras. Huelen a soledad, mar y aire, y al fruto de la extrañeza. Alguna vez imité a los pájaros, tomé en mí la madurez del fruto, me balanceé en la ligereza del aire. Tuve abrazos; y cada abrazo me desnudaba en la desnudez del pájaro.