lunes, 2 de julio de 2012

Se abre la sombra del marco de la puerta sombre el suelo del patio


Vuelvo al mar antiguo de las viñas
A la cautiva fuga de ángel
A mi inocencia perdida
Al amor de huerta
A los animales solitarios
Vuelvo al no saber nada
A mis labios antes de la palabra y el oído
A mi paraíso de sandía
Vuelvo al lugar de los palomos
A la tierra donde nunca llueve porque no es tiempo
A la era de los granizos
A las tijeras cruzadas del patio de sal
Vuelvo ya dormido y con el aire ahogado
No encontré vida en la casa del olivo
Me siento al borde de la puerta abierta
Hago recuerdos de rosal seco
Se abre la sombra del marco de la puerta sobre el suelo del patio
Entro, desciendo, entre la tierra de debajo de la casa
Sobre el techo se oye el arroyo
Los pies nombran una bajada innombrable