miércoles, 1 de octubre de 2014

Un silencio en tu piel ahora que es invierno


Despedidas desde siempre las espaldas de mármol, los espejos que esperan. Déjame tu rostro un tiempo, por ejemplo una madrugada. Un silencio en tu piel ahora que es invierno. Un ya se fue la hora. Un sabré vivir de costumbre, sin hambre en tu lista de espera. Ya sé que tengo toda una vida gastada, aquí, y todo dice que soy un ladrón de tiempo. Te escribo desde el disparo de la ventana; pero no caen los pájaros locos. ¡Apunten! ¡Fuego! Por tu boca muero, por tu tristeza. Porque eres la tristeza de mi casa, vestida de zapatos y rejas. Vestida con la fuerte claridad de tus manos, como un triunfo. Allí tus manos crecen para los recuerdos. De nuevo tu olvido suena, con su olvido gratuito. De nuevo en tu olvido tu amor sabe a abrazo y a estancia, siempre cruzando por delante, con su boca de vientre fecundo.

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