martes, 28 de octubre de 2014

A veces, soñamos alguna vez la desnudez


A veces, soñamos alguna vez la desnudez, dicen. Veo tu frente como un vacío. ¿O es una sonrisa que llevas puesta? Háblame y déjate mientras aquí en la cama que tengo que volver para dejarte al filo; de mi cama, digo. Quiéreme como si estuvieras en mi mano. Háblame como si fueras a volver. Dime que la vida he oído. Dime que esta vida es un paseo blanco, que las sábanas son tu rostro, que ya no debo dormir entre este gentío.
Dime que te quiero, sabes. Yo mientras me haré el dormido. Dime que odias tu ventana, que sigue girando en seco. Siéntate aquí conmigo y coge esta mano muerta. Háblame del rincón de tu cama, de nuestras marcas. Léeme un libro sin comas para esta sorda herida. Léeme un libro cualquiera. Háblame de tus ojos que veo, de tus labios, de tus cosas, de ese despertar revuelto, de un te quiero al vuelo. Tuve en el pecho un camino de espera. Supo el viaje a encuentro, a mirar donde no hay nadie, a nuestra historia. Espera que todavía no he salido. Quien no amó no sigue volando. Quien no fue sangre no fue rocío. No sé qué haré cuando recoja tus cosas; esas cosas que has dejado. Por ejemplo: Por ti supe de la distancia, del lugar de los nombres, del nombre de las cosas.
Por ti aprendí a despertar asustado de la cama vacía. Por ti fueron fugaces todos los cruces. Como un ciego duermo furioso de no haberte retenido. Fui fugaz en tus brazos dentro de la lluvia como una emoción rota. En esa lluvia de tu pupila vivo encogido.

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