domingo, 5 de octubre de 2014

Es duro el olvido, duro como un tatuaje


Se supone que todo fluye seco, que nunca tuvo uso, que nunca habla. Y que después te espero, después de no decir nada. Tuviste demasiada boca para hablar, abierta y pobre, estrujada y amarga. Ahora ya no es tiempo de llorar, ni hay tren de lágrimas. No hay tren en las vías frías, ni vida en las mejillas. Es duro el olvido, duro como un tatuaje. Te llevo dentro y desfalleces. No tienen dirección los puntos. Ni los puntos y coma marcan las calles. Ni es esta la letra de una canción triste, ni una pregunta, ni una ventana. Son los que se van, los que van gritando. Y grito sobre cada puente tu nombre. Aquel pijama de medianoche, desde arriba de tu indiferencia, incluye el dolor.

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