sábado, 12 de julio de 2014

Y eso aún, fue tu vestido negro


Sed hecha del sueño de media tarde, de las lagunas de tu lengua vestida de palabras. Y al mismo tiempo, tú, íntima y desconocida, me marcas.

Me marcas y era yo en la lluvia de antes cuando él gastaba la lluvia ponía sus dedos renunciando al sueño.

Y eso aún, fue tu vestido negro.

Tu sonrisa se abre como una tormenta como un fuego libre de almendras.

Torpe como agua.

En el mar florecen los inventos como una amenaza.

En tu piel seca se fugó el origen.

¿Para qué supe de tus manos si después fuiste a arrancarme el tiempo?

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