domingo, 20 de marzo de 2016

Ya puedo oír las ruinas

Ya puedo oír las ruinas. Aunque la vida es la fiesta de la sed y del hambre, la vida, ese señor de la victoria, está siempre tambaleante. En ese hora de la soledad la vida traga amarga saliva y borra las heridas con otras heridas. Es esta la montaña primordial de la vida fluyendo por la tierra y por las aguas, mientras la parte subterránea del círculo surge sobre la superficie de la Tierra.