sábado, 1 de agosto de 2015

A tu mirada suelta no le respondía nada



Y de repente tu nombre remitía. Se hizo entonces de tu luz el lugar exacto, el lugar exacto de tu rostro. A tus labios la soledad le venía larga. A tu lengua le vino una sombra. A tu mirada suelta no le respondía nada. Y por creer en ti, en el amor y en tu silencio, aquí espero con las alas húmedas de una mariposa. He visto bajo tu secreto aquello que se rinde, el cansancio del centro del mundo, los pasos retornados que cuentan el devenir del mundo, su deriva, su angustia, sus nombres escritos bajo el agua. Hace frío; por eso te pido: invéntame de nuevo. Tus sombras dudosas caen inmortales. Y que sepas que los días se inmovilizan bajo el temple de los espejos. Se rompe el silencio. Viene el amor como dos ojos abiertos. Son palabras que tengo como pedazos, como paseos blancos, como «déjame aquí en el filo».