lunes, 19 de enero de 2015

Si el corazón es un tejido desenvuelto, viejo y unido



Y si al caer en el amor me confirmas que el amor existe como un agujero en la vida, en él, gracias a ti, creo. Creo en tu albergue, en el tener a la lejanía sumisa. ¿Y dónde ver de mí aquél que ya no existe? Yo querría dulce sorprenderte, sin duda; como un sitio que ves, que crees. Me tenderás la mano a lo lejos, sin duda, desnuda. Bien creo que no estoy lejos del toque. Dile a tus huesos, dile, que esto es corriente del muro de la rama de la encapotada lluvia, del afluente que vuelve. Que el impedimento no se lamente, que la vía no sea obstáculo, que los ojos no sean velo, que no se inclinen tus ojos. Quita esa mano blanca, quita; escollo de angustia. Quita esa cuenta de las horas, atenta. Que tanto mirar huye, ahuyenta. En adelante, eres un lugar. Me haces frío y escala, vara del tiempo, copia de los sentidos. Luego, he tardado. Sin ir más lejos y acercarme. Y volver y huyo. Y verte a ti incalculable. Y librarme del miedo y de la prueba, de eso que destruye. Del corazón despejar el miedo. Si el corazón es un tejido desenvuelto, viejo y unido, atrapado en el ruido. Si se acaba luego y un hilo. Mas si se acaba la obra luego en aquella sombra de mano. Mas si al abrirme te hice costumbre, y sitio. Suspira árbol hermano.

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