martes, 13 de enero de 2015

Aquel sordo amor que se llama despedida


Y aquel sordo amor que se llamaba despedida. A él le pido que se acuerde, que me llame, aunque sea casi nunca. Le pido que cese en su cruel partida, que se mantenga a tiempo vista. ¡Fue tan débil su confianza! Fue una ruta dulce que mantengo viva. Que sea mi demasía, mi espacio inminente, mi pensar suficiente, lo que llega. Flaquea mi alma, separado. Aletea la tristeza. Los ojos subsisten. ¿Y si no dura este estado? ¿Y si mis llaves se afligen? ¿Y si el mundo desaparece?

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